CARTA A CRISTO EN EL TERCER MILENIO

    

Admirado Maestro:

     En una reunión de escritores y poetas, se nos invitó a que escribiésemos "algo" sobre Tí, pues se pretende hacer un libro con los contenidos de esos escritos que deben ser en poesía o prosa poética... lo intentaré pese a lo difícil que es escribir sobre un Ser, tan discutido o tan controvertido como Tú.

     Verás... tendría yo algo así como siete años cuando "me enfrentaron a tu doctrina" y es claro que siguiendo las directrices sociales y familiares "hice mi primera comunión", pero la verdad... me hicieron (iba a decir me hiciste) pasar mucho miedo "aquellos curas", te aseguro que la víspera no pude "pegar ojo", recuerdo ello perfectamente puesto que incluso hubo "una tormenta con abundante lluvia y aparato eléctrico" y aquella noche fue una muy penosa noche iniciativa para un niño sólo y huérfano como era yo... bueno huérfano, huérfano no, pues si bien no tenía padre pero contaba con dos madres, si bien una (la más vieja) estaba entonces ausente... Tu sabes que me refiero a mi abuela y la que tanto influyó en mí y en mi formación... recuerda que era tan creyente, tan creyente... que tenía sobre la cómoda una representación tuya "de cuando eras niño" y a aquel Niño, mi abuela le lloró y suplicó muchas, muchísimas veces... yo, la verdad nunca supe si la oíste o no, pero te digo plenamente convencido que merecía se oída... "pasó tanto, vivió tanto, que yo no tuve más remedio, luego cuando fui "grande"... que escribir una historia novelada sobre ella y su entorno" (lo merecía ella y todos aquellos que a su alrededor vivieron), pero vuelvo a mis siete años y a mi primera comunión y mis miedos.

     Fue terrorífico para "mi alma de niño", el saber ya entonces que "por un sólo pecado mortal"... iría al infierno y que "aquello" era para toda la eternidad; claro que el cura me lo podía perdonar o yo mismo si lo hacía en "un acto de contrición"... ¿pero y si no encontraba al cura... y si no me acordaba o no podía en el último momento hacer aquel acto íntimo de arrepentimiento?... y yo me consideraba ya... "pecador" o candidato a pecados mortales "que los veía venir" y yo pensaba en Ti... y en Tu Padre ("que decían que era también el mío") y la verdad... yo no comprendía cómo podían "amenazarme" con tales castigos Un Padre y Un Hermano de tan inconmensurable categoría... pero la verdad... "yo no sabía de padre ni de hermanos" (te recuerdo que era sólo y huérfano) pero si que sabía de Madre o de Madres (perdona que lo escriba con mayúsculas... pero lo merecen) y "mis madres" me querían muchísimo y aunque (creo sinceramente) que con ellas "no cometí pecados graves", pero la verdad... aún así creo firmemente que me los hubieran perdonado.

     Por "aquel entonces" vinieron "misioneros" a Jaén ( ciudad donde nací y vivo)... y aquellos curas "eran peores que los que a mi me confesaron", bueno entiende que "lo de peores lo digo en frase coloquial y sin ánimo de ofender"... pues resulta que a mí me obligaron a ir a escucharlos y yo "los oí con atención suma de niño muerto de miedo" y sus voces desde aquellos púlpitos de San Ildefonso... me sonaban a amenazas terribles y que me llenaron de angustia, pues yo "veía infiernos por todos lados" y de reojo miraba al altar y retablo que hay entrando a la izquierda... ¿"has bajado a verlo"?... y allí yo veía un infierno ("me decían que aquello era el purgatorio") y yo me fijaba en "los de abajo y los de arriba" y en las llamas yo observaba a personas de muchas clases o estamentos e incluso yo veía allí hasta los de la clase sacerdotal y aquello me seguía acongojando... pues yo pensaba que aquel dios (con minúsculas) era bastante malo y perverso, pues... decía yo en mi supina ignorancia... ¿cómo puede permitir ello, un Dios que nos lo presentan como infinitamente bueno y bondadoso?... imposible de creer todo aquello.- Y como preguntaba a los mayores que tenía cerca y todos afirmaban "lo del pecado mortal y el consiguiente infierno"... decidí olvidarte y seguir mi vida... "esperando aquel infierno, pues yo -seguro- que iría al infierno"... pues casi todos los "deleites humanos" estaban castigados con "el dichoso infierno".

     Pasaron los años y yo fui creciendo en cuerpo, en inquietudes y "en miedos", pero ten presente (aunque tú como Hijo de Dios ya lo debes saber) que yo "Os fui buscando siempre", puesto que La Vida (con mayúsculas) que yo veía a mi alrededor, era sin duda alguna obra de Un Sumo Hacedor... de Un Ser Sobrenatural... de Algo ó Alguien "que no tenía que pedir permiso a nadie para crear esa Vida que yo apreciaba a simple vista

     En esa Creación yo vi la armonía y desarmonía que existía, pues a la vida siempre le seguía la muerte, como al nacimiento de un nuevo día le llegaba la muerte de la noche, como al frío invierno le seguía la más placentera y pletórica primavera y a ésta el verano, luego el otoño y "vuelta a empezar" y siempre me consolaba y encontraba "un rayito" de esperanza, simplemente viendo una flor, un insecto, el vuelo de los pájaros o de las mariposas, el fluir de las aguas, "el despertar del Sol cada mañana ó la salida de la Luna cuando llegaba su turno, o las serenas noches claras y el firmamento cubierto de brillantes puntos luminosos y que decían eran estrellas"... y yo preguntaba y preguntaba; y como había aprendido a leer ("a pensar creo que ya nací pensando") pues leí todo cuanto cayó en mis manos y traté de entenderlo y comprenderlo, pero si bien comprendía algo... "lo que nunca llegué a entender y comprender fue el drama humano y en el que yo, como primera figura para mí... estaba inmerso"...?.

     Pero seguí "caminando"... caminé mucho, viajé mucho ("con el pensamiento mucho más") y pregunté a los hombres y mujeres que me escucharon; creyentes unos, agnósticos otros, ateos decían ser otros ("yo pienso que nadie es ateo, se necesita ser muy mendrugo o tonto para ello pero...?"); pero todos me decían algo y yo fui aprendiendo de unos y de otros, incluso de representantes de Tu Iglesia y de otras (¿hay cientos... lo sabes?) que aseguran e incluso afirman que también son Tuyas ó que te comparten con otras salvo diferentes puntos de vista... "de cualquier forma la más importante y numerosa es la que Tú dejaste a Pedro y que hoy continúa Juan Pablo"... si bién (la pobre) está envejeciendo a una velocidad que ya es preocupante para todos los obispos.

     Bueno (continúo) te decía que viajé y caminé mucho, "hice cosas", formé una familia, tuvimos hijos que afortunadamente y aunque nunca tuve la certeza de "si eran míos o Vuestros"... han sido y son bastante buenos, son útiles a "Vuestra Humanidad" e incluso nos han obsequiado ya con cuatro nietos y esperamos que vengan "algunos más" a ésta zona de "blancos"... y cuyas hembras no quieren complicarse mucho la vida y la verdad "paren poco".

     Un día me regalaron un buen libro... le denominan "Libro de Libros" y es claro que me refiero a La Biblia; concretamente a La Biblia Católica ("pues en esto de Los Evangelios se sigue discutiendo mucho, aunque el camino que Tú dejaste escrito en la mente de quienes tuvieron el privilegio de oírte... fue claro y escueto, luego me referiré a ello)... Te decía que me regalaron aquel libro y empecé a leerlo y lo hice desde aquellas primeras palabras que más o menos afirman que... "Primero fue el Verbo"... y seguí leyendo, todos aquellos libros que nos cuentan las más o menos gloriosas (o creíbles) andanzas de un pueblo dicen que "elegido por Nuestro Padre, cosa que yo dudo, pues...¿cómo un Padre de tal categoría puede elegir a unos hijos y marginar a otros?... increíble para cualquiera "medio despierto" y ello quedó muy claro cuando de verdad Te encontré en el libro y ello fue maravilloso, reconfortante y la verdad... "se me cayeron de encima muchos de los pesos y pesares que llevaba desde aquellos años infantiles... si bien me echaron otros nuevos de los que más adelante te hablaré".

     Sí, digo que "Te encontré pleno y en toda la grandeza que queramos decir de Ti, sobre aquel discurso"... Sí, aquel que aquí en La Tierra denominan del monte o la montaña, allí dijiste todo cuanto habías venido a decir... "a aquellos, a nosotros y a todos los que nazcan después de nosotros"... ¿pero -perdóname- tú sabes lo que nos pediste entonces?... sí, es claro que lo sabes y sabías, pero aquellos eran de carne y hueso y hoy ya pasados casi dos milenios... "creo que seguimos siendo de igual carne y de igual hueso... si es que algunos no hemos empeorado aún más".

     Lo he leído "mil veces", lo tengo señalado con la cinta que porta el libro y acudo a él cuando más "sólo" me encuentro y la verdad, siempre encuentro alguna esperanza, pero... "yo no me atrevo a denominarme cristiano"... no puedo, sigo siendo de carne y hueso y lo que tú pedías y pides es bastante más de lo que "los hombres de carne y hueso estamos dispuestos a dar"... salvo un San Francisco de Asís, una Madre Teresa, Un Padre Damián y puede que "algunas docenas más"... pocos nos aproximamos siquiera al enorme y profundísimo sentido de aquel discurso, donde nos quieres enseñar incluso a verdaderamente orar al Padre Nuestro y donde nos hablas de las riquezas (verdaderas y falsas) y de tantas cosas que "uno se pierde en meditaciones" y si acaso... trata tímidamente de aproximarse a ello, aunque sea confiando en aquellas palabras tuyas que afirman que... "nadie que no nazca de nuevo podrá entrar en el reino de Nuestro Padre"... por favor quisiera recibir un mensaje que de verdad me aclarase esa enigmática afirmación y otras muchas cosas que tu dejaste... "perfectamente habladas y que otros -afortunadamente- escribieron".

     No se como saludarte o despedirme de ti... al menos recibe junto con mi reconocimiento... "la impotencia de un hombre que piensa en este minúsculo y atormentado planeta al que nosotros llamamos... Tierra" y que al menos ha encontrado ya una cierta paz, no teme a la muerte y menos a aquel infierno del que al principio te hablé... y confía en verte alguna vez... "en el tiempo y el espacio que marcan esos siglos por los siglos... amén".

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Dedicado a mi esposa, con cariño: Espero lo entienda.

 

El Padre Nuestro y… el “padrenuestro”

 

            Es claro que me refiero a la única oración que nos dejara Cristo, el que tampoco dejara establecidos “hábitos”, ni horarios o días; menos “todo lo que ha seguido después, de parafernalia religiosa”; puesto que en su “Sermón del Monte” (considerado el mejor discurso de todos los tiempos) y sus prédicas, se mantiene en que “viene a recordar más que a enseñar lo que otros antes que él, enseñaron”; si bien nos enseña que la vía mejor para la Humanidad, es la pacífica y no violenta; y el convencer más que el vencer. No creo recordar dijese que “su doctrina” tardaría milenios en ser adoptada, cosa que a la vista del tiempo y resultados, podemos pensar que… “aún está en los principios que dejara inamovibles El Galileo”… o en muchos casos en franco retroceso, por cuanto y en profundidad… ¿Qué ha cambiado en este pobre planeta?... “antes una flecha mataba a un hombre… hoy una bomba mata a cientos y entre ellos a mujeres y niños”… “una devastación, entonces, podía tardar años o ser imposible… hoy en minutos y con una sola bomba atómica o de hidrógeno, se devasta una región”… “en su época existía la esclavitud, en la actual también y no de única forma o manera, sino de múltiples formas”.  ¿En qué hemos progresado en la realidad humana y tal como la entendiera y predicara Cristo?

            Pero volvamos al tema central y que reflejo en el titular de…  “este cuento”.

            El Padre nuestro: Cuando oramos o pensamos, tenemos imbuido o grabado en el ser, a ese único Ser Superior, que en realidad hemos de entender como, “Padre y Madre”, puesto que en el Universo conocido, no hay realización uní material, sino que para logra un ser, se necesitan dos componentes, caso del nacimiento de los mamíferos y entre los que nos encontramos los seres humanos; que necesitamos para venir a este mundo, la conjunción de un óvulo femenino y un espermatozoide masculino y luego que “toda la maravilla subsiguiente”, tenga su proceso y final feliz. Por tanto cuando invocamos a ese Ser Superior, pienso que habría que decirle… “Padre y Madre nuestro”. No creer en La Creación y manifestarse ateo, considero es de las grandes imbecilidades del ser humano; sencillamente por cuanto…  “Si hay Creación es por que hubo y sigue habiendo Creador… la nada es nada  y la nada no existe”.

            Dicho ello, entraré en lo de la oración “rutinaria” y dónde, cómo y cuando yo la aprendí; para lo que tengo que remontarme muchos años atrás y relatar una historia, simplemente humana y vivida por una abuela y su nieto… mi abuela y yo, es claro.

            Debo decir primero, que reconozco a mi Abuela Rosario, madre de mi madre; como el ser que más ha influido en mí y en la que encontré las bases para todo lo que después haya desarrollado: pero en mi marcha intelectual… “el óvulo y el espermatozoide”; fue aquella gran mujer, iletrada o analfabeta; pero con una sabiduría natural; una fuerza e integridad humana y unos principios y fines, que fueron… “la gran montaña donde empecé a nutrirme y que aún me nutre”. Y es curioso, puesto que yo y con aquella mujer, sólo viví unos cinco o seis años… y que van, desde que asesinan a mi padre (29 de Junio de 1939) en la pos guerra incivil española (1934-1939)[1] y que  contando diez meses de edad, mi madre y yo, volvemos a la casa materna de mi madre, puesto que mi abuela, fue viuda también muy joven. Y es ella y a la que yo denomino como mi segunda madre, la que me va a inculcar los cimientos del saber humano y lo hace con esa sencillez que tenía, aquella alma; limpia como la luz del Sol y entre ellos los religiosos, en que “ella firmemente creía y confiaba”.

            A mi por tanto, no me enseñó “el padrenuestro” ningún cura o monja; me lo enseñó mi abuela, que lo rezaba a diario… y lo hacía muchas veces a la luz de un candil, antes de acostarnos en aquel entrañable dormitorio y donde yo, “he sentido el mayor calor y consuelo de toda mi vida”[2].

            Parece que la estoy viendo rezar; y llorar muchas veces en el rezo (“tuvo muchas tragedias en su vida y lloró mucho, pero nunca desesperó”) que hacía mirando fijamente a “su niño Jesús”. Una figurita de unos treinta o treinta y cinco centímetros de altura y que era una… “versión Católica de Jesús niño”. Niño que incluso tenía su trajecito o túnica, de terciopelo rojo y unas “aspas” en forma de cruz, “clavadas en la nuca”; estando policromado  y con un rostro angelical y atractivo. Fue un regalo de su difunto esposo y a aquella figura, ella trasladaba… “el máximo altar de Dios” y a él se abrazaba prácticamente en los momentos de mayor amargura, que fueron muchos… y que yo viví muchos de ellos, como mudo espectador y que nada podía hacer… “salvo ir llenando su enorme esponja, con todas aquellas enseñanzas, de dolor y angustia”.

            Quienes siguen mis escritos, saben que he dedicado varios a mi Abuela y a mi madre; pero en especial a la primera, dediqué en profundidad, mi primera novela publicada[3] y algunas otras partes de libros y relatos siguientes y que dispersos están “por ahí” y también en mis archivos inéditos.

            Pues bien, el padrenuestro de mi abuela y que sigo rezando, pese a las modificaciones que le hayan hecho los papas, es el siguiente:

 

            “Padre nuestro que estás en los cielos, santificado sea Tu Nombre; vénganos a nosotros Tu Reino y hágase tu voluntad, así en la Tierra como en el Cielo. El pan nuestro de cada día, dásnole  hoy Señor y perdónanos; así como nosotros perdonamos a nuestros deudores; y no nos dejes caer en la tentación; más líbranos de todo mal, amén… Jesús”.

 

            Sí; ella añadía siempre al final, la palabra “Jesús”; quizá influenciada por aquella figurilla de “su niño Jesús”; puesto que y es claro, ella  jamás había podido leer,  por su analfabetismo ningún texto religioso y salvo “los tétricos” sermones de los curas de entonces, poco supo; salvo lo aprendido de su madre, a la que siempre recordaba como mujer “sabia”, que incluso le dijo un día, que… “Dios había nacido de una flor”. Sí, aquellos, sermones, triduos, novenas, maitines[4] y misas, tenía que “tragármelas” yo también, puesto que viviendo solos los dos; “donde iba abuela iba nieto”, puesto que ella era incapaz de dejarme abandonado o en manos extrañas, ni por un solo momento. (Gracias… infinitas gracias, querida e inolvidable abuela). También me contaba cuentos y chascarrillos, bellos e inocentes y con su miga de enseñanza y los que, de algunos, guardo recuerdos en mi  memoria. Pese a todas “aquellas misas”, yo “me peleé con Dios”, cuando me llevaron a hacer, “mi primera comunión” y de ello hablo en mi; “Carta a Cristo en el tercer milenio”. Pero volvamos al padrenuestro.

            Pero esa que parece “sencilla” oración primordial y única del verdadero Cristianismo, “a mi entender”; me empezó a intrigar siendo yo jovenzuelo, puesto que pensaba en cada frase, en cada palabra y “me perdía”; como ahora mismo mientras he trascrito el padrenuestro de mi abuela; el que he tenido que repasar varias veces hasta dejarlo y aún así, me queda el temor de que “me falta algo”… tal es su profundidad, como trataré de intentar demostrar dentro de mis infinitas limitaciones.

            Y es profundo y enormemente abierto a la meditación y pienso… que es por ello, por lo que Cristo, lo deja como algo fácil de retener y profundísimo para meditar, puesto que es interminable como trataré de exponer.

 

            Padre nuestro… Ya he explicado lo que me sugiere de  “padre y madre”.

            Que estás en los cielos… Imaginad los cielos, el Universo y sus infinitas galaxias, estrellas, planetas, satélites y demás cuerpos conocidos o  no… y nosotros latiendo entre  ellos, en una ínfima mota o grano estelar… ¿Está entonces  Dios dentro de nosotros mismos?... puesto que si está en los cielos y “en todas partes”, pues…

            Santificado sea Tu Nombre… Esto es mas sencillo “y no cuesta pensar nada”… se santifica y amén.

            Vénganos a nosotros tu Reino… ¿Qué reino, tiene que venir… hemos de ir a buscarlo nosotros,  cómo, cuándo, de qué manera… somos capaces… sabemos lo que hemos de buscar o recibir?... no, yo al menos no, ni ninguno de los sabios que yo he leído, tampoco lo supo o sabe.

            Y hágase Tu voluntad, así  en la Tierra como en  el Cielo…  Aquí ya te pierdes en “las inmensidades”, puesto que ni sabes cual es esa voluntad y lo que ves en tu entorno y en  “tu miserable” planeta, te confunde; te angustia, te  puede incluso aterrar; puesto que en realidad y como dijera el sabio… “yo sólo sé que no se nada” y  en ese no saber nada… “despiertas a la sabiduría humana y mueres en esa ignorancia total  y que sólo los sabios reconocen” y de ahí  esa sabiduría.

            El pan nuestro de cada día, dásnole hoy… Aquí yo ya no dudo ni un instante y añado por mi cuenta y hace mucho tiempo… “y el del alma, el pan del alma, pues mis  hambres  no  físicas, son mucho  mayores que las otras”… quizá lo hago, por cuanto mis hambres físicas, fueron cubiertas siempre y si bien, “vi aquellas hambres alrededor de mi niñez”, yo nunca las padecí y hoy en esta “sociedad opulenta”… simplemente se tira el pan, en cantidades vergonzosas (por que engorda) y yo  mismo guardo el que puedo recoger y lo llevo cada  día a diferentes lugares, donde lo espizco[5] a los gorriones “mis amigos”.

            Señor y perdónanos, así como nosotros perdonamos a nuestros deudores… ¿Pero tenemos capacidad de ofensa, nosotros minúsculas criaturas? ¿No somos efecto  y no Causa? ¿No es la Causa de todo el propio Creador, Creación o como quiera que queramos denominar al “Gran misterio”? ¿Entonces cómo podemos ofender… “si estamos penetrados de las emanaciones Divinas, puesto que Dios está en todas partes?... deducir esto es caer en el gran abismo y no entender  nada. Más sencillo es  entender lo de “como nosotros perdonamos a nuestros deudores”; puesto que muchos hemos perdonado y perdonamos,  pero  no siempre y muchos no lo hacen nunca… es cierto que  en el perdón, se encuentra siempre paz y que es bueno perdonar… “lo difícil es perdonar todo y en cualquier circunstancia”; para ello habría que ser similares a Cristo y hasta llegar a ello… “nos quedan muchos miles de años… suponiendo que lleguemos”.

            Y no nos dejes caer en la tentación… Más líbranos de todo mal… ¿Y cual o cuales son las tentaciones?, puesto que entendemos perfectamente que son enormidad. El libre albedrío que se nos dice otorgar, sobre la realidad no es tanto, puesto que “algo” siempre  nos controla, nos coarta, nos condiciona… “fuerzas invisibles, nos llevan y nos traen” y desde a la rebeldía extrema y sin causa, hasta cualquier otra fuerza negativa, carnal, anímica: de poder, orgullo, avaricia o como queramos denominar a “esos torbellinos”… hay infinidad de tentaciones que casi  en cada momento de la vida te asaltan o atormentan… ¿somos culpables de todo  ello… no hemos dicho que finalmente somos simplemente un  insignificante efecto proveniente de una Gran Causa?...  “y  si somos apenas  nada… ¿cómo ser responsables en  el grado en que se nos quiere hacer ver por cuanto dicen los  clérigos de las diversas religiones?... Desesperado o abrumado por una inmensidad de deducciones, tienes que  “aplanarte aún más en la nada que eres” y pedir simplemente… piedad, piedad, piedad y fuerzas suficientes para mantenerte en pie y firme hasta que llegue el momento de la partida hacia “el  más allá”, donde su supone se nos explicará algo de lo mucho que aquí no entendemos y que garantiza la teoría espírita de la reencarnación…. Y esa es mi esperanza  y la que quiero transmitir  a aquellos que puedan leer este relato. Yo ya vivo sin miedos ni padecimiento  algunos “extra terrestres”… por aquello que ya he repetido aquí… “Yo no soy causa, sino efecto; deduzco por tanto, que es La Causa, la que tiene que ayudarme a caminar y llevarme hacia  donde tenga previsto  el que  llegue”. Pues efectivamente, admito lo del libre albedrío, e imagino… “una gran calle o banda muy ancha para caminar y llegar”… pero en esa amplísima calle, puede que unos tengamos que dar muchos más “bandazos” que otros…y que bien en línea,  más o  menos recta, o  más o menos zigzagueante… todos llegaremos al final… ese final feliz que en definitiva, es el mensaje de esperanza de todas la buenas religiones, no fanatizadas por clérigos locos o demasiado pegados “a los placeres de la Tierra”. Y esa es la plegaria final del padrenuestro de Cristo. O sea y reitero…  Más líbranos de todo mal…

 

           Amén… Jesús… Esas dos palabras las empleaba mi abuela como final de su padrenuestro y las que no figuran, ni en el Sermón del Monte ni en los que dicen son los verdaderos “padrenuestros” clericales; pero mi abuela las añadía con gran fuerza y quizá (imagino) afianzándose en la primera, en su gran fortaleza, que nunca la abandonó hasta que le vino la muerte, que la aguantó con integridad total y la segunda, o sea; Jesús… por cuanto  ella, intuitivamente o deductivamente, había encontrado “en su Jesús”; la única muralla de su retaguardia; el único soporte para sus muchos dolores y angustias y en fin… “lo necesario para seguir siendo lo que fue siempre… una gran mujer y madre para todos los que caímos bajo su  influencia”… ¡¡Y fue siempre pobre en dinero, del que nunca dispuso en gran cantidad… pero aún así, tuvo para dar!!

            Fue por ello… “por ese Jesús que ella llevaba en su alma”, por lo que el día de mi boda, o unos días antes… “asoma con un gran crucifijo en la mano, tiene casi un metro de largo”; obra con bastante arte y expresión y donde está un Jesús crucificado en esa expresión de dolor, que tanto ha prodigado La Iglesia Católica… y me dice entregándomelo… “Toma hijo… este es mi regalo de bodas”… lo recogí perplejo y no creo supiera decirle ni gracias… simplemente lo acepté y afortunadamente mi novia y futura esposa (aún viva afortunadamente para mi) también… “y lo colgamos en el dormitorio encima del cabecero de nuestra cama matrimonial”… y de allí, ya ha pasado por tres domicilios y sigue… “acompañándome cada vez que me acuesto”… y allí va a estar mientras viva… después… “que me lo metan en la caja y lo quemen con mi cuerpo”… o que si nadie lo quiere… que lo entreguen, a cualquier cura en servicio y que sepa, en realidad lo que ese Cristo significa… Para mí, muchísimo; puesto que cada vez que lo miro, al lado está siempre mi queridísima Abuela Rosario

            Finalmente, decir que; este relato me ha costado años y años el realizarlo; y que desde entonces, me viene “revoloteando” en  la mente. De ello hace décadas y sin que nunca me atreviera a abordarlo… hasta hoy en que se  ha producido “el parto”; pues nunca hice notas preparatorias para acometerlo y ha brotado esta  mañana… “si bien  lleva días empujando desde el interior”. Amén Jesús. 

Antonio García Fuentes

Jaén: En la mañana del sábado día 26 de Agosto del 2006; de diez treinta a doce cuarenta y cinco, de dicho día:


[1] Sí, aunque en realidad “esa guerra civil” empieza tras huir el cobarde Alfonso XIII: se declara y reconocen los historiadores “no contaminados”, que el periodo de guerra civil se consolida o recrudece en la  sublevación de Asturias, en 1934; y tampoco termina tras ganar Franco dicha guerra, puesto que posterior a ello, siguen grupos luchando (en  “las sierras”) y otros cautivos y muriendo; amén de las masas hambrientas que mueren de hambres y enfermedades, por tanto esa guerra tiene… “cola muy larga” y que los perversos que gobiernan España, cuando esto escribo (Agosto 2006) tratan de “reverdecer”, simplemente para mantenerse en el poder y vivir como ricos y poderosos y sin responsabilidades de ninguna clase. “Sigue pues la irresponsabilidad latente”.

[2]  En aquellos tiempos y generalmente, en las viviendas humildes, sólo había “una bombilla fija” y es claro que aquella estaba en el lugar donde se comía, en aquella casa…  “la cocina, comedor y sala de estar”. Al resto de dependencias, todos y cada uno de aquellos “más de veinte” vecinos, tenían que trasladarse con un candil alimentado con aceite de aceituna y su mecha o “torcía” de algodón.

[3] Aullidos en Andalucía (Los lobos de Sierra Mágina); que si bien se dedica a todo el desamparado pueblo español, sobre todo al jornalero o  “siervos” de la agricultura; el personaje central y la familia, sencillamente “son mi familia” y mi  entorno… “mamados desde esas épocas de candil y rezos”.

[4] Maitines; les denominaba ella, a esos actos que complementan junto a la “misa del gallo”, el día de la Nochebuena  y en los que, en la iglesia de aquel pueblo, iban las gentes y con zambombas y platillos y otros artilugios; cantaban al “niño  Dios”; lo que era todo un espectáculo para mi.

[5] Espizcar: Destrozar algo en pizcos: Palabra del Vocabulario Andaluz, de Antonio Alcalá Venceslada  y que asigna a las ciudades de Jaén y Úbeda, como oriunda de ellas; o que se emplea familiarmente.

 

 

 

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