CRISTO CRISTNA Y OTROS SIMILARES: TRINIDAD Y EVANGELIO HINDÚ

 

Tomado del libro LA LUZ DEL ESPÍRITU: capítulo XXIX titulado, LA MISIÓN DEL ESPIRITISMO: Autora Amalia Domingo Soler

Editora: Amalia Domingo Soler – Apartado de correos, 177 – ORIHUELA (Alicante)España.

 

Páginas 173 y siguientes:

 

            Acusan al espiritismo de que éste no respeta la personalidad de Jesús. No es nuestro ánimo tratar ahora de esa cuestión capital, y únicamente diremos que el Espiritismo ve en Jesús no a un redentor, sino a uno de los muchos redentores que ha tenido la humanidad.

            ¿Pierde Jesús por esto el respeto, el amor, la admiración, la adoración suprema que mereció por su sacrificio? No; ¿Ha habido algún hombre de su época que se le asemeje? No; ¿Mas, por qué hemos de negar lo que la historia atestigua? ¿Lo que los libros sagrados nos dicen? Si doce mil años antes de la era cristiana etablecían los brahmanes de la India el dogma de la trimurti, o trinidad de Dios, y uno de cuyos redentores indios tiene una historia parecidísima a la de Jesucristo ¿Por qué han de desfigurarse los hechos?

            Porque haya existido Cristna ¿Deja de ser Jesús la personificación de la civilizaión moderna? ¿La encarnación del progreso? ¿La síntesis del amor? Más, veamos lo que sobre Cristna dice el vizconde de Torres Solanot en su obra “El Catolicismo antes del Cristo” página 73.

            “La leyenda del Génesis indio dice que Brhama había anunciado a Heva la venida de un salvador, que nacería en la equeña ciudad de Madura, y recibiría el nombre de Cristna (en sanscrito, sagrado). Su nacimiento tuvo lugar unos cuatro mil ochocientos años antes de nuestra era”.

            “Ese niño, Vischnú, la segunda persona de la Trinidada india, el hijo de Dios encarnado en el seno de la virgen Devanaguy (en sanscrito, formado por Dios), para borrar la falta original y llevar a la humanidad al camino del bien”.

            “Devanaguy permanece virgen aunque madre, porque había concebido sin conocer hombre, envuelta por los rayos de Vischnú, y da a luz un niño divino en una torre, donde la había hecho encerrar su tío Rausa, tirano de Madura, quien habia visto en sueños que el niño que naciera de aquella debía destronarle”.

            “La noche del parto , al primer gemido de Cristna, un fuerte viento derribó las puertas de la prisión, mató a los centinelas, y Davanaguy fue conducida con su hijo recién nacido a la casa del pastor Nauda, donde le festejaron los pastores de la comarca, por un enviado de Vischnú”.

            “Al saber la libertad de Davanaguy y su huída maravillosa, el tirano Rausa, ciego de furor, y para que no se escapase Cristna, ordenó la degollación, en todos los estados, de los niños de sexo masculino, nacidos en la misma noche de aquel que quería matar”.

            “Cristna escapó por milagro, pasando su infancia en medio de los peligros suscitados por los que tenían interés en su muerte; pero salió victorioso de todas las asechanzas, de todos los lazos que se le tendieron”.

            “Llegado a la edad de hombre, se rodeó de algunos fervientes discípulos, y comenzó a predicar una moral que la India no conocía ya desde la dominación brahmánica; atacando valerosamente las castas, enseñó la igualdad de todos los hombres ante Dios, y puso de manifiesto la hipocresía y el charlatanismo de los sacerdotes. Recorrió la India entera, perseguido por los brahmanes y los reyes, atrayéndose a los pueblos por su singular belleza, su elocuencia dulce y persuasiva, llena de imágenes y por la sublimidad de su doctrina; ayudarse los unos a los otros, proteger, sobre todo, a la debilidad; amar a su semejante como a sí mismo; devolver bien por mal; practicar la caridad y todas las virtudes”.

            “Un día que Cristna oraba recostado contra un árbol, una tropa de esbirros enviados por los sacerdotes, cuyos vicios había descubierto, le asaetearon y colgaron su cuerpo en las ramas para que fuese presa de las aves inmundas”.

            “La noticia de esta muerte llegó a los oídos de Ardjima, el más querido de los discípulos de Cristna, y corrió aquel, acompañado de una gran muchedumbre del pueblo, para recoger los restos sagrados. Pero el cuerpo del hombre de Dios había desaparecido; sin duda había vuelto a las celestes moradas, y el árbol en cuyas ramas fue colgado, apareció repentinamente cubierto de grandes flores rojas, esparciendo a distancia el más suave de los perfumes”.

            “Los sacerdotes, que habían mandado asesinar a Cristna, fueron los primeros en sentir su influencia; pero sea por habilidad, sea por convicción, la aceptaron como la grande encarnación de Vischnú, prometida por Brahma al primer hombre, y colocaron su estatua en todos los templos.

            Ahora bien: ¿No se asemeja esa historia a la historia de Jesús? ¿No hay grandes puntos de contacto en su nacimiento, en su vida, en su muerte y en su resurrección? ¿Por qué ese empeño en  total en en no querer conceder a la Tierra más que un redentor? Cuando la humanidad terrena formada de “espíritus en turbación”, olvidadiza por costumbre, ingrata por hábito, rebelde por condición, ignorante por pereza, necesita si fuera posible, un redentor por cada siglo.

            Tres mil años antes de la era cristiana, estaban codificadas las leyes indias. Y Cristna dijo en aquellas remotas edades lo que más tarde repitió Jesús, y sabe Dios, Si Cristna de qué otro Redentor lo repetiría. No es de hoy la moral de Jesús, no; escuchemos algunos versículos del Evangelio Indio, que sus máximas sublimes alientan y fortifican, y hace más de cinco mil años que las almas enfermas beben el agua fuera de los textos védicos. Leamos.

            Los hombres que no tienen el dominio de sus sentidos, no son capaces de cumplir con sus deberes.

            Es preciso renunciar a la riqueza y a los placeres, cuando éstos no son aprobados por la conciencia.

            Los males que causamos a nuestro prójimo nos persiguen como nuestra sombra a nuestro cuerpo.

            La ciencia del hombre no es más que vanidad, todas sus buenas acciones son ilusorias cuando no sabe referirlas a Dios.

            Las obras que tienen pro principio el amor de su semejante, deben ser ambicionadas por el justo, porque serán las que pesen más en la balanza celeste.

            Por las buenas acciones en sí mismas, y no por la cantidad, es por lo que seréis juzgados.

            A cada uno según sus fuerzas y sus obras.

            No se puede pedir a la hormiga el mismo trabajo que al elefante.

            A la tortuga, la misma agilidad que a la cierva.

            Al pájaro que nade, al pez que se eleve por los aires.

            No se puede exigir al niño la prudencia del padre.

            Pero todas esas criaturas viven para un fin, y aquellas que cumplen en su esfera lo que ha sido prescrito, se transforman y se elevan según todas las series de emigración de los seres. La gota de agua, que encierra un principio de vida que el calor fecunda, puede llegar a ser un dios.

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NOTAS: He dejado de copiar hasta ese punto y el que quiera que busque el libro y lo lea todo, es sumamente interesante. Pero como reflexion profunda hay para meditar largo y tendido, pues nos habla hasta de la evolución de las especies, miles de años después expuesta por Darwin y hoy aceptada hasta por la Iglesia Católica.

            Podemos reflexionar sólo en el pasado siglo XX, dónde hemos conocido verdaderos redentores o enviados de Dios y que señalo una muestra: Gandhi, Matín Lutero King y Nelson Mandela (ambos influidos por el primero, el que a su vez lo fuera por las enseñanzas de Cristo) la denominada Madre de Calcuta (Madre Teresa). Por tanto si nos remontamos en la historia conocida, seguro que encontraremos redentores o enviados especiales de Dios a centenares o millares, pues son todos y cuantos han trabajado y logrado que la humanidad diera pasos hacia acelante, simplemente viendo sus comportamientos. El mismo Gandhi y para evitar que lo convirtieran en un nuevo ídolo religioso a adorar en templos, dijo categóricamente, que “el gandhismo no existe, muere conmigo”. Quizá pensó en que su antecesor, o sea el mismo Buda, el que a los DOSCIENTOS AÑOS DE SU MUERTE, sus seguidores lo proclamaron... “como dios supremo, el dios de los dioses, la fuente de todas las gracias, etc”. Es claro que con esto como con tantos otros, lo que se hizo es mercantilizar una religión y de la que vivieron, viven y vivirán, millones de acólitos, pero estoy seguro que ninguno de esos verdaderos enviados, proclamó ello, dictó normas, dogmas de fe, etc.   todo el que comercializa una religión es simplemente para vivir de ella y ello de tan a la vista como está, no creo necesite muchas explicaciones.

        Bajo ya mis muchos años y estudiados todos los asuntos religiosos que he podido, es por lo que deduje y escribí el texto siguiente, hace un par de meses, pues hoy escribo el día 07 de Noviembre de 2003 y tras ello no necesito cambiar nada de lo que abajo reflejo:

LA GRAN ENSEÑANZA

    No hagas a nadie ni a nada vivo, nada que tú no quieres que a ti te hagan, haz siempre lo que a ti te agradaría hicieran contigo... ayudarás en todo cómo quisieras ser ayudado tú y en esa reciprocidad, encontrarás la felicidad.[i]

 

            La sintetización resumida, que arriba queda escrita, es mi reflexión final sobre el lema atribuido a Jesús de Nazaret y que dice “Amaros los unos a los otros, cómo yo os he amado”... Pero antes que “el Galileo”, algo similar está en las enseñanzas de Pitágoras, el que amplía ese amor a los animales y pienso que a todo lo vivo de éste planeta... Igualmente en mis lecturas, encontré similar máxima en los sabios chinos, los que la atribuyen a épocas mucho más remotas y a los “reyes sabios”, los que predicaron y procuraron practicar (ordenándolo con su poder cómo tales) un mandamiento de solidaridad y que he encontrado en textos atribuidos al sabio chino, Mo-tse el que coetáneo en el tiempo, vivió en la época de Pitágoras, o sea, unos cinco siglos antes de Cristo... la máxima o lema chino dice así: “Actuad con respecto a vuestro prójimo cómo si lo amarais. Hacedlo en beneficio mutuo”. Esta fórmula resume toda la filosofía del sabio chino, el que fue durante su vida y después incluso de su muerte, blanco de violentos ataques, reprochándole la igualdad que parecía implicar el amor mutuo; que era lo que centraban sus prédicas y enseñanzas sobre... “el Amor universal”. Por otra parte, en la ley judía (luego aceptada por cristianos y musulmanes) está la ley que el legislador Moisés (que vivió alrededor de 1400 años antes de Cristo) dictó al pueblo judío en sus famosas “tablas de la ley” y los diez mandamientos principales, en uno de los cuales ya consta el texto de que... “Amarás al prójimo cómo a ti mismo”. Moisés viene de la civilización egipcia donde nace y por las circunstancias que se dicen, vive gran parte de su vida cerca del faraón, por lo que es deducible que estaba preparado en todas las enseñanzas de aquella civilización, la que según otros investigadores (Helena P. Blavatsky) estaba influenciada o procedía de la antiquísima civilización hindú; lo que nos da a pensar que la máxima o mandamiento estaba ya inserto en ambas y cómo tantas cosas, se pierde en la noche de los tiempos y el origen de las civilizaciones. Pero ahí queda y sigue ese gran mandamiento el que aún, estamos muy lejanos de haber iniciado su cumplimiento y pese a los milenios transcurridos; para notar ello no hay nada más que ver lo que ocurre en nuestro alrededor más cercano... y en la mayoría de lugares de éste pobre planeta.

            Pero pese a todo, la persona que empieza a despertar o que ya “ha despertado”... es atraída por esa gran máxima y reconoce su validez inamovible, e igualmente que... “los caminos serán muy diversos... pero el final de todos ellos es el mismo y que algo nos dice que en ese final... está la paz, la armonía y la fraternidad de toda la humanidad”. Por tanto hay que seguir caminando hacia esa meta y pese a cuanto nos digan... quienes sean.

 

Antonio García Fuentes

(Escritor y Filósofo)

 

Jaén: 28 de Agosto del 2003

 

 


 

[i] ESTAS ENSEÑANZAS LAS PUEDE PRACTICAR CUALQUIERA POR MÍNIMA INTELIGENCIA QUE POSEA Y LO PUEDE HACER EN CUALQUIER LUGAR NO ES NECESARIO TEMPLO NI RITO ALGUNO PARA ELLO.

 

 

 

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