DIÁLOGO CON LA MUERTE

 

     Ocurrió en la noche-madrugada de un día de aquel invierno, el que ya había avanzado tanto, que los árboles de aquella tierra meridional, ya hinchaban sus yemas y esperaban las próximas caricias del sol pre-primaveral, para ir arrojando hojas y flores o flores y hojas, pues sabido es que muchos árboles, arrojan éstas antes que aquellas, puesto que la avarienta Creación, no desaprovecha ni un mínimo instante para propagar la vida en todas las formas que conocemos y puede que igualmente en las que no conocemos.

     Aquel ser y como le venía ocurriendo hacía ya más de veinte años, se encontraba despierto en su lecho. Dormía poco pero le era más que suficiente para su descanso corporal. Su mente no lograba el mismo reposo, pues inquieto desde niño, su contínuo pensar le había llevado lejos, muy lejos.

     Aquella y como tantas otras madrugadas, había leído algo de los varios libros que siempre tenía abiertos y al alcance de la mano. Cansado de leer, había apagado la luz que había en la mesilla de noche y que le servía precisamente para leer en penumbra; y con los ojos abiertos inició sus meditaciones y diálogos con sigo mismo; hasta que en un momento determinado intuyó algo y supo que aquella noche "no estaba sólo" y alguien o algo había muy cerca de él.

     Infinidad de noches había pedido "esa compañía" y siempre le había sido negada, por lo que llegó a dudar de lo que las infinitas lecturas "profundas" le aseguraron; o sea, que en el infinito espacio del Universo, había "planos y vidas diferentes" y que unas no interferían en las otras, hasta que "órdenes Superiores", así lo determinaban; y era entonces cuando se habrían "ciertas compuertas herméticas", por donde los Superiores pasaban para comunicarse con los inferiores, lo que no instaba para que esos seres Superiores, pudiesen ver y observar a los inferiores; es más, se aseguraba que alrededor de cada ser humano, había constantemente y a cualquier hora; multitudes de seres "extracorporales", a los que les era dado ver y observar en mayoría y sólo unos pocos elegidos, eran los que tenían potestad para un tipo de comunicaciones que la inmensa mayoría de seres humanos y "carnales" desconocían.

     No se inquietó aquel hombre, que ya era bastante viejo y tenía los achaques propios de un organismo bastante gastado, no así sus facultades mentales, que por contra, habían ido mejorando y sufriendo transformaciones sucesivas hasta llegar al estado en que se mostró con aquel esperado visitante, pues de alguna manera aquel anciano siempre esperó "algo".

     Detectada la presencia del visitante por un cierto halo de luz indefinible, pero grata de ver; el anciano con voz dulce y cansada le preguntó.

     -¿Eres tú... por fin?.

     -Sí, yo soy.

     -Tantas noches, tantos días... pensé en tí; que es imposible recordar su número y tiempo de meditación sobre lo que eres y representas.

     -¿No... te causo miedo?.

     -No. No recuerdo haberte tenido miedo nunca, si acaso pudo ser en alguna época lejana y cuando yo era joven, pero no lo recuerdo con exactitud, es más, creí que no cumpliría los treinta años en este mundo y mira... ya soy viejo, muy viejo y aún estoy vivo en este planeta.

     -Es muy extraño cuanto me dices y si no fuese por que te veo tranquilo y sereno, no me lo creería... sí, es muy extraño y casi insólito en éste planeta, donde la inmensa mayoría de "humanos" quisieran eternizarse.

     -Eternizarse... ¿para qué?... para qué eternizarse... ¿Me lo podrías tú aclarar?... muerte.

     Aquella aparición sonrió y mostró una bellísima apariencia indefinible, pues la muerte no era aquel tétrico esqueleto que siempre mostraron a los humanos, al menos en la civilización que se conformó tras la muerte del controvertido "Cristo".

     Nó... la muerte que se apareció a aquel anciano, tenía apariencia más de mujer y madre, que de otra cosa; es más, irradiaba paz y sosiego. Era como algo benigno y bueno, que no aparentaba nada que anunciase un final definitivo y mucho menos atormentado; por ello el anciano guardó silencio y esperó respuestas, las que llegaron en tono de voz y estado de paz ya descritos.

     -No, no creo poder aclarártelo, pero es así; les aterroriza el que sientan nombrarme, les causa pavor mi sólo anuncio. No saben quien soy, lo que soy y lo que represento. Pero en cierta manera asocian la muerte a lo que en realidad no es otra cosa que la antesala ó "portada" de la misma; no me conocen, nada saben de mí y cuando llego y me ven, cada uno reacciona de una manera, puesto que yo... "yo no soy una"; yo soy "millones y millones... soy incalculable número de muertes", puesto que la muerte como la vida, es individual y cada cual goza... o sufre como tal y como tuvo su vida... tiene y le corresponde la muerte. El terror que sienten algunos, o mejor dicho, muchos ("este planeta es como un penal en el espacio sideral") es un germen que llevan en su interior y ellos mismos y sin saberlo, se producen sus propios tormentos, que no son otra cosa que remordimientos por vidas dilapidadas en vicios y excesos de todo tipo y los que no han sabido eliminar; desconociendo incluso que "no existe pecado imperdonable" y que la infinita piedad Divina, todo lo comprende, todo lo perdona, pero eso sí, si el que infringe La Ley, está dispuesto a reparar sus errores y expiar sus culpas, de ahí aquel dicho del Cristo... "quien a hierro mata a hierro muere", que desde luego no hay que tomarlo ni literal ni asociarlo a los vulgares delitos de la vida que conoces... "son otras muertes y otros hierros sucesivos en las sucesivas vidas, a los que se refiere la frase y que sería largo de explicarte".

     Aquel anciano continuó como estaba (reclinado en su lecho) y sin apenas demostrar emoción alguna preguntó.

     -¿Qué quieres decirme con ello?... te ruego me lo aclares, pues yo -reitero- no te temo en absoluto. De alguna manera, tú para mí, vas a representar la libertad y el descanso; estoy cansado, muy cansado... ya no me apetece vivir aquí y quiero ir a descansar a donde sea... el lugar (créeme) ya no me importa mucho... intuyo que por malo que sea, siempre ha de ser mucho mejor que éste que dejo y si no existiera otro lugar pues...?.

     -¡¡Calla insensato!!.

     Fue la muerte la que gritó a aquel anciano, el que de momento quedó en silencio y esperó nuevas palabras, en tono más sosegado, pues al parecer... "hasta la muerte se altera en éste mundo".

     -Si la vida "es sueño" (dijo la muerte y continuó). La realidad de la misma, no es apreciada ni conocida por la inmensa mayoría de tus "congéneres" y como quiera que entre ellos mismos se aterrorizan; ni viven en paz con sus semejantes, ni lo que es mucho peor aún, no viven en paz ni consigo mismos; cosa que tú si que has sabido hacer y desde hace ya bastantes años. Esa es la razón de por qué, yo me presento a tí en la forma en que me ves, o mejor dicho me aprecias, pues tus ojos físicos no me están viendo (son ciegos) tú... me estás viendo a través de tu alma y ella refleja lo que en realidad, tú, te has ganado en ese largo y cansado vivir del que hoy te manifiestas.

     La muerte, guardó un espacio de tiempo en silencio y luego continuó, ante lo impertérrito de su interlocutor, el que seguía sin mostrar el menor temor, ante tan postrer visita.

     -Al no encontrar ese equilibrio mínimo, entre cuerpo-alma y exterior-interior; los seres humanos se crean "su propios fantasmas" y son ellos mismos, los que se ciegan y no piensan con la mínima humildad, el que todo efecto tiene una causa y que la de ellos aquí en ésta Tierra, es la de autoformarse, eliminar muchas de las pasiones que aquí trajeron y llegar al final de la vida como tu mismo has llegado, que si no perfecto, si que bastante "pulido" como para "ser trasladado". hacia otros lugares mejores... ¿O te apetecería, volver a ser joven y empezar una nueva vida aquí?.

     -¡¡Nó... de ninguna de las maneras!!.

     Fue el anciano el que levantando la voz respondió con aquel grito, mientras mostraba un rostro algo alterado por la proposición recibida y como si la diese por realizable. La muerte sonrió, al parecer complacida y dijo.

     -¿No te agradaría volver a ser joven, potente, sano, rico y poderoso... por ejemplo?.

     -No, no me atrae estar en este mundo (ya) de ninguna de las maneras, ni de "rey", ni de "mendigo"; he vivido, creo que mucho; te reitero que estoy cansado, muy cansado, me siento como si en vez de tener la edad que tengo, hubiese cumplido ya... muchos miles de años, muchos...?.

     La muerte sonrió de forma complacida y contestó.

     -Y es cierto, puesto que tú, "cuentas muchos miles de años", muchos más de los que tu te imaginas y de ahí tu cansancio, pero no temas... tú ya no volverás aquí, salvo que tu mismo lo pidieses y el Ser Superior así lo considerase oportuno.

     -¿Qué dices, muerte, tú que sabes más que yo?... yo he vivido mucho, he leído mucho, he oído mucho, he observado mucho más y al final, muero como muriera aquel sabio griego... no se nada, no tengo seguridad o certeza de nada, pero en compensación, nada me preocupa y sólo deseo descansar, dormir (llevo años sin apenas dormir)... dormir eternamente, en esa paz que ya si poseo y no pido nada a nadie, tampoco culpo de nada a nadie, acepto todo cuanto se y he vivido y lo demás... ya no me importa, así es que cuando quieras... "duérmeme y ten la bondad de hacerlo sin que sufra más dolores... ya he sufrido bastantes"... en el cuerpo y en el alma... ¿por qué, para qué?.

     La muerte sonrió de nuevo, se acercó al anciano y alargando una mano, se la puso sobre la cabeza.- No sintió ningún frío aquel viejo, al contrario notó como si algunas nuevas energías y sensaciones agradables fluyeran hacia su ser y ante la pregunta muda que dirigió al rostro de la muerte, ésta le dijo.

     -No sabes nada, tampoco los demás saben ni han sabido nunca, puesto que "la cobertura de carne", que envuelve vuestras almas, es algo así, como un velo piadoso que El Creador, dispuso para que pudieseis soportar mejor, la vida que os otorga y el "pulido" necesario que a través de la misma vais logrando todos, unos antes y otros después... pues la piedad Divida es inmensa y a todos alcanza, pero ello es "una gloria" que cada cual ha de ganarse, en el ejercicio del libre albedrío que se os otorgó en el mismo momento, en que se os puso a "caminar por la Creación".

     Hizo una nueva pausa y continuó.

     -No obstante todo ello, yo estoy autorizada a decirte y te digo. Tú, ya has cumplido tu misión aquí (todos la traéis, otra cosa es que la cumpláis o nó) y te auguro que tras tu paso a través de mí, vas a encontrar sorpresas que ni te imaginas, puesto que para verlas y disfrutarlas, antes has de morir, o mejor dicho... "has de pasar y de verdad, a mejor vida", pues sabe (tú ya lo intuiste) que no se muere, la vida es una sóla, desde que Dios decide la creación de un nuevo ser y ésta continua por los siglos de los siglos... "como dice vuestra oración religiosa y es verdad"; lo que ocurre es que unos pasan a esa mejor vida, otros, simplemente "vegetan" y vuelven a la vida que dejaron, para continuar en ese trabajo inmenso cual es el "autopulido" del propio ser, en la multiplicidad de trabajos que tiene que realizar hasta ese... "pasar a mejor vida".

     El anciano guardó silencio, sus arrugas se relajaron un poco, su rostro se hizo mas limpio y agradable y con sorpresa, pero sin apenas emoción, preguntó y dijo.

     -¡Pero si yo no pido ya nada!... yo me siento ya "lleno" y sólo aspiro a la paz, aunque esa paz fuese "el no ser", el desaparecer disuelto en los átomos del Cosmos y además lo acepto plenamente... "me considero ya como el viejo árbol que harto y cansado de dar frutos y semillas, muere ya seco y agotado y desaparece tragado por el fuego o la propia tierra que le dió la vida"... ¿Nó sería así mejor?... ¿Qué me dices tú, muerte?.

     La muerte "se alteró", puesto que no esperaba semejante respuesta y bastante alterada gritó.

     ¡¡Qué dices insensato!!... ¿Tú, crees, que esa Creación y el Creador, que nada desaprovecha en esa tierra en que tú has vivido, va a destruir algo ya en vías de perfección y tras siglos y siglos de un autoperfeccionamiento del que ni tienes idea?... ¿Tú, que has demostrado sobrada inteligencia en tu última vida y has visto cómo la naturaleza en ella, aprovecha todos los átomos, vas a terminar con tan absurda reflexión y entrega?.

     Guardó de nuevo silencio la muerte y esperó alguna explicación que le diera el moribundo, el que desde luego pudo hablar y dijo con aplomo y seguridad.

     -Sí, de alguna manera, me estás recordando mis propias conclusiones, en forma de hipótesis razonables, pero, "pregunté miles de veces" y nadie me contestó; entonces opté por buscar la paz y el sosiego en mi mismo y "para estos asuntos", me aislé del mundo, hablando sólo con "mi otro yo", o quizá como los que dicen que están locos y hablan "sólos"; pero te repito y reitero, ni nadie me dijo nada, ni mi "yo" tampoco; bien es cierto que al llegar a los límites de éstas divagaciones, yo encontraba siempre la paz interior, muchas veces inmensa y que me hacía saltar las lágrimas, pues (debes saberlo, tú que pareces saberlo todo) me he considerado al final y ahora más aún, como una simple, diminuta, inapreciable "partícula" de vida, en éste inmenso Universo, del que por lo mismo de su inmensidad, yo era algo cuasi inexistente y por tanto de tan inexistente valor que poco contaría en el mismo. Me consolaba y consuela sólo una cosa y un hecho innegable, o sea; que yo no soy responsable de mi propio ser y existir y para mayor consuelo y satisfacción o dominio de inquietudes que me alterasen mi paz conseguida, hice oraciones, dando gracias a La Creación por haberme creado, por haberme permitido vivir y experimentar "tantas cosas" en ésta mi vida (no digo ni última ni primera, pues soy desconocedor de ello) y sabiendo que Dios existe, simplemente le pedía lo que te he pedido a tí, paz eterna, sueño eterno, no ser ya ni pensar, estoy cansado, muy cansado... ¡¡Llévame ya y procura proporcionarme lo que te he pedido!!... creo, creo, que lo merezco, puesto que es muy poco lo que pido... ¡¡El Universo es tan grande... que importa que yo desaparezca dentro del mismo!!.

     La muerte se separó del lecho donde yacía aquel anciano. De su contorno salieron diferentes ráfagas de extraños rayos y luces, sus ojos brillaron de forma incomprensible. Se revolvió de forma que parecía estar confusa y pasado un tiempo y cuando pudo o consideró, hablar, habló de nuevo y dijo.

     -Tú... tú (repitió) que llegaste a definir (y lo has dicho), a la Creación como el máximo de avaricia o mejor dicho, conservadora de todo lo creado... ¿Vas a renunciar a la continuidad que se te ofrece?.

     Guardó la muerte una pausa y en tono dulcísimo dijo a aquel viejo ser, que escuchaba perplejo.

     -No, no vas a perecer ni desaparecer, sencillamente por cuanto ni tienes opción a ello ni a nada que no guarde la línea que Dios tiene marcada para todas sus criaturas y tú vas a continuar en la vida universal, puesto que ese es tu sino, mejor dicho tu privilegio. Lo que ocurre es que no tienes facultades para avanzar en los amplísimos horizontes que se te van a presentar después de tu muerte y en cierto modo es claro, que te manifiestes de la forma en que lo haces, puesto que "estás herido, muy herido y tu cobertura material ya no aguanta más"... y es tu yo inmaterial, el que no pudiendo manifestarse nada más que a través de tus ya cuasi agotados sentidos, reacciona de esa forma que no es normal, pero que en cierto modo te valora mucho más ante Dios, puesto que tu no te revuelves con furia o con miedo y simplemente pides descanso, el que ya te anticipo que lo vas a tener, puesto que lo tienes bien merecido.

     Nueva pausa y nuevo silencio, sólo interrumpido por un imperceptible movimiento de los cansados ojos del anciano, el que de alguna manera imploraba nuevas explicaciones, que de forma serena llegaron de inmediato. Habló, pues, la muerte y dijo.

     -Relájate aún más de lo que ya estás, sé que sientes ciertos dolores y ciertos ahogos, pero ellos son necesarios puesto que hasta el morir física y totalmente, cuesta esfuerzos, pero yo he sido enviada para ayudarte en ese tránsito, por ello escúchame con atención y procura hacer cuanto te digo.

     Nuevo silencio y nueva espera. Aquel anciano aguardaba con toda serenidad y asintiendo con un movimiento de cabeza, esperó a oír lo que después se le dijo y que fue cuanto sigue.

     -Mira fijamente a mi rostro, controla cuanto puedas tu ya cansada respiración, acompásala al ritmo más lento que puedas; yo me iré acercando a tí y te colocaré mis dos manos sobre tu frente y parte trasera de tu cráneo; inmediatamente irás notando una especie de anestesia que te irá relajando totalmente, proporcionándote un grato sopor que terminará en sueño; tras de éste perderás la noción del tiempo y del espacio y tras un corto espacio de tiempo, tu alma empezará a irse separado de ese viejo "vestido de carne que ya la ahoga" y poco a poco, irás soltando esas pesadas amarras que te sujetan y volverás a ver "la luz"; pero será una luz diferente y mucho más viva y luminosa que la que nunca hayas visto; yo estaré en todo momento junto a tí y tan pronto hayas terminado "tu metamorfosis", emprenderemos un largo viaje hasta un lugar que ni te imaginas y donde muchos seres queridos tuyos, ya te esperan con alegría inmensa, puesto que tu ya has cumplido; y no te preocupes por ningunos lazos familiares de éste mundo, tu ya has cambiado de familia y ésta te espera; como llegado el momento, tú esperarás a los que tras de tí quedan, pues es verdad -créeme- la familia es algo muy grande y aquí en éste mundo, no llega a desarrollarse como Dios tiene dispuesto, pues todo tiene su tiempo y su realización, así es que no te turbe lo que detrás de tí queda, ello ya es de muy poca importancia para tí... "cada cual debe ser responsable de si mismo", lo que no insta para que les ayudemos, como yo hago hoy por tí y antes, otros hicieron por mí, pues piensa y créeme..."yo no soy la muerte ni mucho menos, yo soy algo así como un testigo y en este momento represento la vida eterna".

     Aquel anciano no dijo nada, sus ojos se entornaron, sintió acercarse a aquel ser, sintió sus manos en los lugares donde le había anunciado que las pondría, después sintió un bienestar nunca sentido y dejándose llevar en todo momento, entró en el dulce sueño "de la muerte", que en realidad fue la piadosa y bendita portada para de verdad... "pasar a mejor vida".

 

                   Antonio García Fuentes

 

En las tardes de los días 25, 28 y 29 de febrero de 2000

 

 

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