Nº 19

 

AQUELLOS Y ESTOS... TIEMPOS

 

>Si viviste de niño en los 50, los 60 y los 70.cómo hiciste para sobrevivir?

> Viendo hacia atrás es difícil imaginarse como hicimos para sobrevivir.

> De niños andábamos en autos que no tenían cinturones de seguridad ni bolsas de aire... Montar en la parte de atrás de una camioneta era un paseo especial... y todavía lo recordamos.

> Nuestras cunas estaban pintadas con brillantes colores de pintura basada en plomo. No teníamos tapas con seguro contra niños en las botellas de medicina, gabinetes, puertas.

> Y cuando montábamos bicicleta no usábamos casco. Tomábamos agua de la manguera del jardín y no de una botella de agua mineral... horror!!! 

> Gastábamos horas y horas construyendo unos carritos de chatarra y los que tenían la fortuna de tener aceras inclinadas echaban a andar ladera abajo y en la mitad sé acordaban que no tenían frenos. Después de varias entradas a los matorrales aprendieron a resolver el problema.

> Salíamos a jugar todo el día a jugar con la única condición de regresar antes del anochecer. No teníamos celular... así que nadie podía ubicarnos. Impensable.

>Jugábamos al "quemado"... y algunas veces la pelota realmente lastimaba.

> Nos cortábamos, nos rompíamos un hueso, perdíamos un diente. Pero nunca hubo una demanda por estos accidentes. Nadie tenía la culpa sino nosotros mismos. Se acuerdan de los "accidentes?"

> Los muchachos se agarraban a trompadas... y conseguían moretones y ojos negros... pero la cosa pasaba. Comíamos bizcochitos, pan y mantequilla, tomábamos gaseosa con azúcar ...  y nunca teníamos exceso de peso porque siempre estábamos afuera jugando...

> Compartíamos una gaseosa de Uva Román entre cuatro... del pico de la botella... Y nadie se moría por esto. No teníamos Playstations, Nintendo 64, X boxes, Juegos de video, 99 canales de televisión en cable, videograbadoras, cine, sonido surround, celulares personales, computadoras...chatrooms en Internet---TENIAMOS AMIGOS.

> Salíamos y los encontrábamos... Montábamos en la bicicleta o caminábamos hasta la casa del amigo, tocábamos el timbre... o sencillamente entrábamos sin tocar y allí estaban. Imaginen!!! Sin preguntarle a la mamá! Solos!!!

 Ahí, afuera! En el mundo cruel! Sin un guardián!!! Cómo hacíamos?

> Hacíamos juegos con palitos y bolas de tenis, en algún equipo que se formaba para jugar un partido; no todos llegaban a ser elegidos... y no pasaba ningún desencanto llevado a trauma.

 Algunos estudiantes no eran tan brillantes como otros... y cuando perdían un año lo repetían... Horror!!!

> Los exámenes no se ajustaban por ninguna razón.

> Nuestras acciones eran nuestras, las consecuencias eran las esperadas, no había nadie tras del cual esconderse. La idea de un padre que saliera a pagar una multa si rompíamos la ley era impensable... la verdad era que apoyaban la ley. Imaginen esto! 

> Nuestra generación ha producido algunos de los mejores tomadores de riesgo, de los más acuciosos resolvedores de problemas y de los más geniales inventores de la historia. Los últimos 50 años han sido una explosión de innovación. Teníamos libertad, fracasos, éxitos, responsabilidades... y aprendimos a manejarlos. 

Ø      ¿Eres tú uno de esa generación?

Ø       

(recibido por correo electrónico: conviene meditar y difundir el contenido)

 

APÉNDICE O COMPLEMENTO:

     

              Sí... todo cuanto antecede, menos el titular que es mío, lo he copiado tal cual, pues tiene un contenido inmenso para meditar, para incluso clamar al cielo y más aún a nuestros gobernantes, que nos han enjaulado en una falsa libertad, que más bien es una cárcel por el miedo que nos han inculcado y que nos inculcan diariamente, con todos esos mensajes de desastres múltiples o individuales y dónde se nos presenta un mundo atroz, dónde la muerte y el atentado salen con una profusión aterradora... y el mundo no es así, hay mucha, muchísima... ¡inmensa!... cantidad de gente buena en el mundo, pero nos han forzado a que casi veamos a nuestro vecino como un enemigo y si no, miedo, lo miramos con recelo... ya no nos atrevemos a jugar en la calle y menos dejar a nuestros niños que lo hagan... siempre el miedo al loco, al malvado, al violador, al ladrón, al asesino... que sí, que los hay y siempre los hubo y tristemente puede que los siga habiendo durante muchos siglos... pero en otros tiempos y tal como dice quién manda ese mensaje arriba copiado y que desconozco (pues a mi me llega a través de un buen amigo) eso que cuenta ocurría, pues era la época en que mis propios hijos jugaban en medio de una calle de una ciudad (en la que todos nacimos) ni grande ni pequeña, pero capital de una provincia de Andalucía (España) y lo hacían sin miedos y junto a docenas de otros pequeños como ellos, que igualmente iban al colegio o escuela, solos, cogidos de la mano los hermanitos (mis tres hijos fueron así muchos años) o amiguitos; y andando recorrían el trayecto, sin que nunca nadie les molestara... e iban y venían contentos... se peleaban entre ellos he incluso ocurrían los clásicos incidentes entre niños, que podían terminar con alguna contusión y algún derramamiento de alguna poca sangre, producida por caída, pequeño accidente ó... de incluso una pedrada... pero eran cosas normales y aceptadas por lo mínimamente que se presentaban casos de alguna gravedad... y que yo no recuerdo ninguno en este momento... y efectivamente eso ocurría en esos años que el narrador dice y lo dice muy bien y en un estilo humano; y envidiable por lo limpio y sencillo del mismo... era simplemente una verdad que todo aquel que hoy tiene alrededor de cuarenta años lo puede atestiguar, e incluso sus ojos brillarán como limpios diamantes en los recuerdos gratos y menos gratos de aquellas andanzas, dónde los niños se formaban como tales y aprendían a comprenderse entre sí mediante los juegos, que son la antesala de entrada a las sociedades adultas.

        Eran épocas en que un simple municipal (guardia del ayuntamiento) y sin armas ningunas, si bien solían llevar un “lapo” al cinto para usarlo contra quienes lo merecieran (nunca contra los niños) por sus actuaciones delictivas, gamberriles, en diferentes maneras, que las había... pero aquellos niños, al ver la presencia del guardia uniformado... sentían respeto y temor a la autoridad (no al hombre) y se extendía ello al simple guarda de parques y jardines, pero nunca sentían miedo... el miedo lo sentirían los delincuentes, gamberros, bebedores empedernidos y violentos, a los que se apaleaba sin contemplación alguna y eran llevados, al cuartelillo o comisaría y después al juzgado y posteriormente a la cárcel si procedía ello.

Si hablamos del campo... el campo era, eso mismo... campo, dónde y respetando la propiedad privada, podías ir a cualquier lugar... y estoy hablando de niños de diez o pocos años más (acompañados de menores, incluso), que iban a bañarse a ríos, charcas o lagunas, de aguas muy limpias y que después nos han podrido los avances tecnológicos, que en eso... avanzaron para envenenar más que para sanear ambientes (hoy pomposamente denominados ecológicos) que ya eran sanos entonces y que por cuanto ocurre nunca lo van a volver a ser.

            Era normal el que una pandilla o grupo de varios amiguitos, recibieran de su madre un pedazo de pan y algo para acompañarlo y fueran solos a las márgenes de un río, o a escalar un no muy lejano cerro (por sendas, veredas y caminos ya trazados) o incluso a las laderas de una montaña y pasaban el día con sencillez; ellos sabían que la sed la aplacarían con fuentes (“nacimientos”) de aguas naturales y que conocían o que les indicaba cualquier labriego o pastor de cabras u ovejas (yo he bebido agua en el propio río), con el que hablarían e incluso se sentarían a su lado y aquellas buenas gentes, les contarían mil cosas maravillosas, sentados a su lado y tomando el sol ó a la sombra de un árbol o talud, mientras el murmullo del campo y el canto de los pájaros eran los eternos acompañantes de una vida mucho más natural que la que hoy nos rodea y dónde sólo hay... “cemento y frialdad... hoy la gente huye de la gente... todo el mundo va deprisa... hacia ninguna parte”... otros se esconden y llegan a morir en soledad.

            Nunca olvidaré la delicia inmensa de oír a un pastor tocar una flauta, hecha por el mismo y de una vulgar caña... y sin embargo de aquel rústico instrumento, salieron sonidos enormemente emotivos y que aún resuenan en mi alma... mucho más, que los que luego ya muchos años después, oyera junto a mi esposa, en la propia sede de “La Filarmónica de Berlín”. Fue tan fuerte aquella vivencia de niño, que motivó un relato que anda por ahí (“La Flauta y el Pastor”) y el que ningún editor quiso editar.

           Si nos remontamos veinte años más... y nos trasladamos, esos años antes de los que el narrador cita (años 1940/1950)... yo y muchos niños como yo, hemos fabricado múltiples y rústicos juguetes improvisados y que iban, desde la caña entre las piernas y que corriendo, nos imaginábamos ir cabalgando a un caballo... hasta ir a por greda (arcilla) para entretenernos en modelar figuritas o recipientes igualmente rústicos, pero que secados al sol eran nuestro orgullo y en verdad (creedme) había niños perfectamente dotados, que lograban hacer con aquel barro muy logradas figuras de animales de pelo y pluma... de acuerdo que éramos traviesos e incluso hacíamos “guerrillas”, tirándonos las piñas de ciertos cipreses, haciendo espadas de madera, arcos y flechas igualmente de madera, incluso “escopetas de caña”, pero aquellas eran armas inofensivas...  íbamos a robar fruta, flores, o incluso alguna lechuga a los huertos cercanos... pero eran chiquilladas, pues eran simplemente por comerlas... no había maldad. ¿Qué había alguna desgracia?... pudiera ser, que de tarde en tarde, algo ocurría grave, pero generalmente nunca... “llegaba la sangre al río”, como vulgarmente se dice... o decía entonces.

         Los que iban a la escuela (que no todos podían) respetaban al maestro o maestra, tanto o más que a los propios padres y llegaban a quererlos... incluso las personas mayores, eran respetadas en general y cualquier adulto se consideraba autorizado, para reprender a un niño, algo que realizara, mal hecho... incluso ello era agradecido por los padres... y no pasaba nada; no había niños o jóvenes violentos y era raro el caso, que cuando ocurría era comentado con desprecio hacia el tal... la vida era dura... pero mucho más humana que hoy, dónde esos mismos niños de los años sesenta, ya están impregnados de un miedo, que siguen transmitiendo a sus vástagos... mientras la calle, la ciudad, la carretera, el campo... todo ha quedado en manos de unas minorías... de indeseables y a los que no hay forma de quitar de la circulación, sin que sepamos el por qué de ello... pues hoy, se dice... hay muchos más medios que entonces, pero... ¿dónde están?... ¿Esta es la libertad y el orden que marca un verdadero progreso’... ¡¡QUÉ ME LO EXPLIQUEN!!... “no olvidemos que disciplina y orden, no es tiranía, ni mucho menos”... por el contrario la permisividad en exceso y cuanto ya ocurre en las calles, no dudemos que alguna vez terminará en tiranías, que ya conocimos en el pasado.

 Jaén: 19 Marzo 2003

 

 

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