Nº 28

 

RELATO DE “VIVENCIAS”:

SENDA DE LOS HUERTOS

(Pequeña historia de mi ciudad)

 

            En ésta ciudad dónde nací y vivo (Jaén) preside la misma, el hoy denominado “cerro de Santa Catalina”, dónde y desde tiempo inmemorial existieron fortificaciones para defensa de lo que primero sería un poblado, ciudad ibera, luego municipio romano y así pasando el tiempo y hace muchos siglos, un rey la elevó al título de ciudad... “Guarda y defendimiento de sus reynos”.

            Motivo de estos asentamientos que datan de milenios antes de nuestra era, fueron sus grandes manantiales, abundantes en aguas riquísimas y que sirvieron para que aquellas civilizaciones, tuvieran el sustento necesario y prosperasen mientras los dejaron, puesto que esta “rica ciudad y sus tierras”... fueron codiciadas por cuantos invasores pasaron por aquí y por tanto, fue conquistada tantas veces y su historia debió ser tan atroz, como nos lo dicen los nombres con que fue conocida y que están inscritos en la historia del hombre... pues ya existía a la llegada de cartagineses y romanos... “Tito Livio la llama Auringi y Origen, Polibio, Elinga, y en el concilio de Illiberis se menciona con el nombre de Advinge. Los romanos la denominaron Flavia, posteriormente los musulmanes la denominaron Chíen o Geen, algunos otros dicen que “Yayllán”... pero lo que invito a pensar al lector, es lo de “tanto cambio de nombre”... ¿permitiríamos hoy que nuestra ciudad cambiase a otro nombre? ¡No!... seguro que aquellos habitantes de entonces tampoco quisieron, pero al ser derrotados, pasados a cuchillo y los supervivientes tomados o vendidos como esclavos, poco pudieron hacer, puesto que siempre es el vencedor el que impone y el último, sería el rey “cristiano” que la redujo al actual nombre de Jaén y que muchos siglos fue el nombre de uno de los reinos de Castilla, cuyo blasón ostentaros aquellos poderosos reyes y que aún hoy, consta en la “nomenclatura” de la corona de España... que tiene infinidad de “coronas menores” en sus heredados blasones.

            Pues bien; hecho éste apretado preámbulo, desarrollaré el tema con que titulo y que nos llevará a la actualidad.

        Por la parte rocosa que baja de citado cerro de Santa Catalina y que sirviera como muralla natural, de la que llegó a ser una de las ciudades más fuertes y pobladas de toda Europa, puesto que el castillo-fortaleza de Jaén, que en realidad fueron tres, los que en diferentes épocas fueron construidos sobre el cerro que domina la ciudad y la misma, fue durante siglos una ciudad-fortaleza, que en realidad nunca fue conquistada por asedio y finalmente en el siglo XIII fue entregada por el rey musulmán de Granada, como pacto con el rey Cristiano de Castilla y lo que les permitió a los musulmanes, mantener aquel reino durante 246 años (1246-1492). En ese largo período la ciudad de Jaén, llega a ser una de las más importantes de la Europa de entonces, puesto que en los archivos históricos aparece en el siglo XIV con más de "treinta mil almas" (habitantes) y entonces, muchas de las hoy grandes ciudades europeas, apenas eran villas o poblaciones de poca importancia (Berlín aún ni existía): el texto que se reproduce y que data de antes de 1246 ya significa a la ciudad de la siguiente forma: "Es villa real y de gran población y bien fortalecida y bien encastillada, de muy fuerte y tendida cerca y bien asentada y de muchas y muy fuertes torres, y de muchas y muy buenas aguas y muy frías dentro de la villa, y abundada a todos los abundamientos que a toda noble y rica villa conviene tener. Y fue siempre villa de muy gran guerra y muy recelada y de donde venía siempre mucho daño a los cristianos". El relato es significativo y confirma cuanto antes se dice y con sobrada amplitud. Tras la conquista de Granada, pierde su gran importancia y pasa a ser una ciudad más de las del interior de España, "cargadas de historia y poco más".

         Bien... pues en ese punto donde acaban las rocas, en la muralla se instaló una de las grandes puertas de la ciudad y la hemos conocido con el nombre de “Puerta de Granada” (aún perdura ese nombre para aquel entorno) y siguiendo el declive natural, las murallas bajaban pasando por el barrio de “La alcantarilla”, Adarves Bajos (“popularmente conocido como El recinto”) hasta llegar a la Alameda (Puerta del Ángel, única que se conserva del recinto amurallado) y continuando con lo que fue conocido como “La Fundición” y el aledaño convento de monjas (“Las Bernardas”) y llegando a la actual Avda. de Granada (antes sólo carretera de) subía hasta la denominada “Puerta de Barrera” (otra de las grandes puertas) y así, se iba cerrando el enorme perímetro de aquella “fantástica” ciudad de la que ya sólo la imaginación nos puede ayudar a verla en todo su poder y esplendor, si bien... “el esplendor guerrero no es de los que más agradan al ser medianamente culto y civilizado”... pues ya se imagina, lo que traería tanta tropa y en aquellos tiempos, dónde... “el rebanar una cabeza, robar, saquear, violar, esclavizar... sería cosa de cada día”.

            Volvamos a la “Puerta de Granada” e imaginemos que junto a ella, había un puente (posiblemente levadizo en las épocas que rememoro) y bajo el cual discurrían aguas de diferentes “nacimientos” a pie de aquellos roquedales y que conformaban el que fuera conocido como “Barranco de La Alcantarilla” en épocas del siglo XX, pero que algún investigador supo anular y rescatar su verdadero nombre, cual resultó ser el más poético de... “Barranco de los escuderos”.

            Extramuros, existieron una cantidad de huertas, que iban desde aquella puerta citada, hasta más allá de la actual Alameda y las que se regaban con aquellas aguas y otras de otros “nacimientos”, que a lo largo de aquellos “pagos” existían... tristemente todos o casi todos se han perdido, como tantos otros manantiales jaeneros, que la desidia de todos los alcaldes de Jaén, dejaron perder (hoy nos servirían como un gran pantano) y hoy siguen fluyendo bajo la tierra madre que los alumbrara en su momento, puesto que incluso al lado de aquel puente y puerta (de Granada) existió hasta hace pocas décadas un lavadero público, dónde muchas mujeres de Jaén (aún vivas) han lavado sus ropas. Destaquemos de estos huertos, las grandes huertas, sobre todo la denominada “Huerta Baja”, las que rodeaban frondosos cañaverales (con grandes y frondosas higueras) que servían para retener la tierra en los grandes taludes y que cada año, aportaban carros y carros, e incluso camiones de cañas, que eran aprovechadas para muchos usos que hoy han desparecido, pero entonces la caña era un valioso material, desde para hacer canastas y cestos, hasta para los “encañizados” de suelos y “cielos rasos”, de la mayoría de viviendas que entonces se construían.

            Infelizmente, todas esas aguas del citado barranco... simplemente canalizadas en su caída natural, han podido dar lugar a infinidad de estanques y finalmente regar lo que se hubiese podido, ya pasado... “esa rampa para lanzar cohetes”, que oficialmente lleva el nombre de “Avenida de los Escuderos”, pero que el pueblo ha denominado como “Avenida del colesterol”... puesto que se ha convertido en pista  para la quema “de esa grasa”, para muchos jiennenses o jaeneros, que padeciéndola en exceso, suben y bajan por tan empinada cuesta, siguiendo las prescripciones que hoy dan los médicos... que generalmente son dos... comer poco y andar mucho... amén de las necesarias medicinas, pero sobre todo lo primero “es lo más sano”.

            Si bien nací en la “calle del Obispo” (junto a la Plaza del Conde); luego pasé a vivir en la calle del Arroyo (S. Ildefonso) y luego desde los 12 hasta los 34 años, he vivido en tres diferentes casas, pero todas ellas cercanas o linderas con el “Barranco de los Escuderos”... y el más conocido (entonces) como “Barranco de la Alcantarilla”; a cuyos fondos he bajado múltiples veces, como jovenzuelo y simplemente por ver y “otear”, o incluso para recoger, frescas yerbas para “nuestros conejos” (teníamos conejos, patos y gallinas) a los que sobre todo, gustaban aquellos jugosos “berros”, que se criaban en aquellos frescos bajos de los barrancos, cuando el calor agostaba los yerbazales cercanos... pues también estaban muy cerca el campo y los olivares. Por aquella época Jaén terminaba en el hoy desaparecido Puente de La Alcantarilla, tras del cual sólo había un centenar de casitas o quizá menos... era lo que se denominó “Afueras de la Alcantarilla”.

            En el primer tramo del barranco, desaguaban todas “las alcantarillas” (de ahí el nombre más conocido) de todos aquellos barrios, igualmente lo hacían varias fábricas de aceite y yo he visto a los “turbieros”, hacer sus balsas en lugares apropiados y en la época de molienda, para en ellas “castrar” aquellas grasas mezcladas con, “ya nos podemos imaginar que”... pero las que recogían cuidadosamente y luego sabían separar, para obtener aquellos “masotes” muy ricos en aceite del desecho de los molinos aceiteros y que vendían a buen precio a las diferentes fábricas de jabón que existían en Jaén... fueron épocas de miseria y pobreza, dónde todo era aprovechado y algunas cosas, como esta de los turbios aceiteros... daban lugar a disputas violentas por ocupar los primeros lugares del colector... “incluso aquellos pobres turbieros vivían y dormían junto a sus pozas, simplemente era su pan de cada día y algo para el futuro”... y sólo “les manaba” unos pocos meses al año. “El resto estarían a salto de mato y a lo que caiga”.

            Pero si bien en los bajos “corrían aquellas inmundicias”... en la mucha arboleda y enramada, cultivada o silvestre, anidaban infinidad de pájaros, que cantaban; recuerdo algunas noches o madrugadas, al amanecer... oír cantar a los ruiseñores que por allí anidaban... desde mi ventana silbarles imitando su canto y recibir las respuestas. Oír igualmente el adormecedor canto del “cuco” y sentir el fragor de aquellas aguas, las que cuando caía tormenta arrastraban caudales muy importantes, puesto que esas aguas bajaban nada menos que desde “El Neveral” y cuenta la historia, que en épocas pasadas y siglos atrás, hicieron mucho daño puesto que incluso... “se llevaron un convento alcantarilla abajo” (quizá por ello el puente de La Alcantarilla era tan amplio y alto).

            Hoy todo ha desaparecido y queda lo que puede ver, el que no ha vivido como yo, lo que cuento... desaparecieron los huertos, las fábricas de aceites, el “Jardín de la Violeta” (primer jardín industrial y floristería de Jaén, cuyo primer puesto estaba a la entrada del mercado, hoy central)... desapareció la “factoría” del denominado “Capitán de Otíñar” (Hacienda Santa Cristina) y de la que nos queda un hermoso testigo, cual es el gigantesco pino de la rotonda, el que y afortunadamente respetó, “alguna de la poca sensibilidad de los munícipes”; los que por lo demás, hicieron un desastre urbanístico, “quitando y poniendo” y de paso beneficiándose de ello algún alcalde y su familia, en trazados que más parecen hechos, tras “una noche de copas y jarana”, que sobre el pleno estudio de terrenos, desniveles, aguas y recursos que allí hubo y de los que debió salir una avenida mucho mejor lograda y ajardinada, así como abundante en aguas corrientes, que fueron condenadas a volver a las profundidades de la tierra. Son los signos modernos, donde muchos gobernantes piensan con...  “el bolsillo y la cartera, más que con el corazón y el buen sentido de servir fielmente los intereses de todos sus gobernados”. Pocos saben que la ciudad de Jaén, es algo así como “un pantano de buenas aguas”... pero está en el subsuelo.

            No he querido rememorar nada de las “ferias de ganado”, que llenaban tanto la cuesta de la Alcantarilla, como las afueras del puente, la calle Adarves bajos e incluso las paredes del convento citado y el Portillo de San Jerónimo... pero de ello quedan dos hermosos testigos, son los dos abrevaderos que felizmente se conservan, uno en las paredes del convento (La Alameda) y el otro en la calle Adarves Bajos (Fuente de Don Diego) y donde bebían miles de cabezas de ganado en esos días de feria... y muchos de nosotros siempre que pasábamos por allí, no explicándome yo, hoy, cómo en la fuente de “Don Diego”, existe un cartel que indica “agua no potable”... si en tiempos, incluso venían por ella de otras muchas partes de Jaén, puesto que era considerada “agua gorda” y decían que muy buena para ciertos padecimientos humanos de “la caldera de cocción”... igual el cartel lo puso el Ayuntamiento, para que consumamos más del agua que nos cobra cada vez más cara... puesto que aquella era y es, muy abundante y gratuita.

            Hoy vivo en otro lugar que fuera “extramuros” y que igualmente tiene su larga historia, de recogida del grano de las cosechas, trashumancia, ferias ganaderas, tránsito de gitanos durante siglos, etc. se trata del Barrio de Belén, antes denominado “Ejido de Belén” y en cuya plaza vivo desde 1972, fecha en que vendí mi preciosa casita cercana al Barranco de los Escuderos, donde vivimos muy felices mi esposa y mis tres hijos. Este desaparecido barranco también fue conocido como... “Senda de los huertos”.

Jaén: en la mañana del 25 de Junio del 2005

 

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