Nº 29

 

RELATO

 

UN DÍA DE VERANO EN UN AÑO DE SEQUÍA

 

            El año 2005 fue un año de gran sequía en España, se dijo que sólo era comparable a otros similares de hacía 50 o 60 años. Ocurrieron cosas extrañas, puesto que las máximas temperaturas veraniegas, se dieron en muchas otras partes de España (incluso en el Norte) y la tórrida Andalucía de los meses de Julio y Agosto, lo fueron en general menos de lo que estamos acostumbrados, si bien en Granada (cosa insólita) se llegaron o pasaron de los 40º a la sombra. ¿Será verdad lo que aseguran los científicos y está cambiando el clima en todo el planeta?.

            Tengo la suerte o privilegio, de pasar los veranos en el campo y esto va ya para treinta años; y lo hago en un pequeño campo de algo más de dos mil metros cuadrados, dónde los rigores veraniegos se soportan mucho mejor, aún cuando y como es lógico hace calor y bastante “a las horas de la calor andaluza”... pero un pozo excavado al principio (y una casa bastante bien acondicionada y que ya cubren altos árboles)... pozo que da abundante agua, la que incluso se puede beber aún cuando tenga algo más de cal de lo normal; convierte ese terrero en un paraíso veraniego y de ello no sólo nos beneficiamos nosotros, sino también gran parte de la fauna que prolifera por esas tierras, antes áridas y sólo aptas para cereales y cercanas a Jaén, puesto que dista sólo cuatro kilómetros y cerca transcurre el río Guadalbullón, importante afluente del Guadalquivir, pero el que éste año... “baja que da pena verlo por lo exiguo de su caudal”. Pero a lo largo de todo éste río y sus afluentes, proliferaron innumerables huertas y aunque hoy muchas de ellas se convirtieron en modernos chalés, pero aún quedan cerca de mí algunas de ellas y por ello disfruto, junto del frescor que transmiten por la noche... “del concierto natural que producen esos microclimas”... y en el que se basa mi relato de hoy.

            Cómo ya soy viejo... y además padezco una angina de pecho que dicen “severa”, algunas noches y de madrugada, el corazón “se queja” y me despierta... hasta ahora y en este lugar nunca me ha dado “susto que necesite una atención médica urgente”, esperemos que siga así por muchos años, puesto que sigo teniendo ganas de vivir para seguir aprendiendo y escribiendo. Debido a esos “pequeños sobresaltos”... trato de “oxigenar mi músculo cardíaco” y siempre lo logro con ejercicios respiratorios, por lo que tras ese incidente, viene una paz y un relax enormemente agradable... pero muchas veces tras ello, me cuesta volver a conciliar el sueño y entonces... disfruto en recordar y meditar, mientras a través de mi ventana entornada, empiezo a escuchar “el concierto del campo” en el silencio de la noche y el que se aviva a medida que vienen “las claras del día”.

            A mediados de julio, que es cuando esto escribo, suele amanecer alrededor de las seis de la mañana, hora oficial (la solar serían las cuatro; pero nos la adelantan los políticos puesto que dicen, que se ahorra “petróleo”)... antes de esa hora, se escuchan los más o menos lejanos ladridos de los perros que hay en aquellos contornos y cuando suenan a cierta distancia, son agradables de oír. Se oyen el murmullo de algunos de esos invisibles mamíferos que de vida nocturna hay “en todos los campos”, en menor cuantía el vuelo de alguna lechuza, que incluso lanza su grito al salir de caza, preludio del luego sepulcral silencio mientras busca su alimento, pero “algún aleteo” y ruido de la víctima que huye o ha sido cazada, también he ido alguna vez.

            Antes de amanecer, empieza a cantar el primer gallo y  aunque lo haga a dos kilómetros de distancia en la huerta donde vive “con sus gallinas”, lo oigo con nitidez. Enseguida es contestado por todos los gallos que lo oyen y con cierta pausa unos se cantan a los otros... y así esa llamada del gallo primero, llegará río abajo hasta la desembocadura del Guadalquivir, allá en el Golfo De Cádiz... ¿O la llamada vendrá río arriba?... ¿qué se dirán?... pronto empieza a clarear el día y la segunda ave que canta, siempre es un gorrión, de los muchos que duermen en la yedra y árboles que rodean mi vivienda. A éste gorrión y de inmediato, le acompaña otro y al poco tiempo se va formando el peculiar griterío de estos astutos y sociables pajarillos “duros como el tiempo y que viven con el hombre y de él se nutren principalmente”, por ello los hay en tantos y tantos lugares habitados por el ser humano. Dedicaré un relato a ellos, pues los he visto y observado en muchos lugares del mundo.

            Sigue el concierto y se unen otros trinos de pequeños pájaros que no sé identificar, pero en menor cantidad que los gorriones, los que tras su concierto “al naciente Sol”... emprenden el vuelo y van en busca de su alimento... tras ellos, se oyen los roncos y profundos cantos de un tipo de tórtola (“dicen que turca”) que ya prolifera por estos campos y que ha desplazado la africana que nos visitaba todos los veranos y cuyo arrullo es mucho más dulce, que el canto de éstas “asiáticas”; las que por lo visto, son “durísimas” y ya pasan aquí todo el año, por lo que la población aumenta y ello lo notamos a simple vista, pues se reproducen mucho.

            Me recreo en todo ello, mientras siento entrar con más fuerza al suave y fresco vientecillo, que nos obsequia todas las madrugadas y que dura hasta más o menos, las nueve de la mañana, hora en que el Sol ya empieza a ganar terreno y sus rayos a calentar.

            Sobre las siete me levanto y ligero de ropa, doy una vuelta por “mis dominios”... limpio de insectos y otras cosas que han caído y flotan en la piscina y paseo, miro, oigo, aprecio... por encima de mí o muy cerca, pasan la bandada de abejarucos, que madrugadores también marchan “a sus comederos” (sé dónde anidan pues en tiempos iba con mi perro a visitarlos, en el recodo del río en cuyas terreras hacen sus agujeros para los nidos... “hoy y a no  puedo”)... las golondrinas ya están activas e incluso se detienen en un cable telefónico y me cantan y supongo miran... observo en la fuente “de taza” del jardín, dónde siempre hay “un hilito de agua fresca del pozo y que mana en su tercer piso”... cómo van llegando todo tipo de pájaros (menos los gorriones, que desconfiados en extremo o van  a otros bebederos o beben cuando no estamos nosotros) y más o menos tímidamente (nunca se les ha atacado “en mi campo”) van llenando sus buches de agua fresca y hecho ello, emprenden el vuelo... “tras dejarnos como pago los excrementos que sueltan en la fuente o en múltiples otros lugares”... bueno, es un buen abono y enriquecen la tierra de esa forma natural marcada por las “leyes de La Tierra”.

            Recorro todos y cada uno de los rincones donde, plantamos algo; así veo “como van” no sólo  las plantas y flores, arbustos y árboles, sino lo que también me hace ilusión, la hortaliza con sus pimientos, dulces picantes, guindillas, tomates, zanahorias, berenjenas, cebollas, judías verdes y algunos frutales que también “algo dan”... puesto que es claro, que ni yo se del oficio del hortelano, ni el hombre que me  “arregla la tierra” tampoco, pero he aprendido a lo largo de los muchos años, que llevo “plantando y observando”, lo suficiente para plantar y luego recoger, lo que “las plantas dan”... y la verdad, he aprendido mucho, sobre la vida del hombre agricultor y lo esforzado que es conseguirle frutos a la tierra madre... “a cielo abierto”... “lo de los invernaderos y cultivos industrializados es otra cosa”... yo siembro y recojo (reitero) lo que mi pequeña tierra da y lo que da es ecológico y cuando lo como... “me sabe a gloria”... nadie que no sienta este placer puede comprender ello, aunque hasta Goethe, habla de las verduras que cultivaba en su huerto.

            A las ocho ya estoy en el baño y completando mi aseo... me visto y dispongo para marchar con mi esposa a la ciudad, dónde ella tiene sus cotidianos quehaceres de ama de casa que siempre ha de necesitar algo de compra y yo... tengo mi ordenador y archivos... pero lo último que hacemos es cerrar totalmente las puertas y ventanas, para que el fresco recogido en la madrugada y mañana temprano, se quede dentro del edificio... consejo que nos diera un hortelano y que nos evitó mucha de la calor soportada el primer verano, en el que por ignorancia, dejábamos circular el aire... y es claro que el aire... “era fuego”; por ello los campesinos obran así y no abren sus puertas y ventanas hasta altas horas de la noche y cuando empieza a circular la brisa que producen, “los regadíos”  del  río Guadalbullón, ya citado.

            En verano rara vez dedico más de dos horas al escritorio, antes tengo que pasear por orden del médico para “que se fortalezca mi sistema cardiovascular”. Así, sobre las doce y media ya estamos en el campo y yo metido en la piscina... los pájaros han desparecido, salvo las duras tórtolas que siguen revoloteando como si el Sol no existiera (igual hacen en el frío invierno: pues aquí las temperaturas son extremas y desde los “varios menos cero a más de los cuarenta sobre cero, conocemos los habitantes de ésta provincia andaluza)... alguna avecilla, viene “desesperada” a la fuente, bebe y se va rápido al lugar más seguro y fresco que tenga por costumbre, como hacen el resto de pájaros y mamíferos,  los que en las horas fuertes de calor desaparecen... lo hacen hasta las hormigas de las que hay abundante cantidad en mi terreno. Alguna lagartija corre “que vuela” asustada al pasar cerca de ella, los reptiles, al menos éstos, si aguantan esta calor y corretean de “escondite en escondite”, para cazar su menú insectívoro.

            También y en la sombra que produce una gran morera, al entrar nosotros, suele haber cierta cantidad de pájaros de diferentes tipos. Todos ellos picoteando abajo, todo cuanto aún quedan de las grandes moras blancas que no recogemos nosotros y que es bastante, aunque ya seco todo ese fruto, estos pájaros aprovechan hasta el  último grano, de sus semillas... por tanto de ése árbol muchos de los pájaros del  entorno, “están comiendo tres o cuatro meses”... de ahí, que algún gato asilvestrado de los que también tenemos cercanos a nosotros, tenga su cazadero en lugar estratégico cerca de la morera y es claro que le tiene que dar resultado, pues si bien no lo he visto nunca en el momento de la caza, pero sí que observo su frecuencia al lugar y  con el sigilo que va y viene... sonrío, puesto que es la vida... “comer y ser comido”... es lo que nos ocurrirá a todos, salvo al que sea incinerado... y aún éste, sus restos... “serán comidos por la madre Tierra”.

            Tras de una hora de baño y reposo entre baño y baño (plácido y sin esfuerzos que no debo hacer) la “reglada” comida, un poco de la aburrida TV,  o leer la prensa y tras ello... “la sagrada siesta”, de un par  de horas (parte la dedico a leer algún libro que siempre tengo a mano) y tras la misma... aguantar bajo techado, hasta que sobre las siete o siete y treinta, se puede salir  al exterior... y rápidamente de nuevo a la piscina y a las sombras que ya hay en el porche y como siempre y pegado a nosotros, nuestro pequeño Yorkshire (“Aníbal”) que como regalo de Navidad, recibió mi esposa y el que nos llena la casa con una compañía “gigantesca” y la que nos ayuda a vivir a ambos “viejos”... pero no ancianos aún, que ya más que hablar discuten por cualquier insignificancia... “quizá sea una forma de quererse, pues se conocen hace ya mas de cincuenta años y sólo el roce afianza el cariño”... dicen los viejos sabios.

            Viene “el trabajo del atardecer”... regar y regar para que todo luego esté fresco y las plantas y árboles, vivan y aguanten... mi esposa tiene que barrer puesto que el arbolado, tiene ese inconveniente... dejar caer hojas y restos secos y lo hacen cada día. Yo quito algunas yerbas (pocas) a mi hortaliza, repaso planta por planta y retoco algo, recojo algún fruto, etc.  Vuelta a la piscina, por pura necesidad ya de descanso y luego a la ducha y enjabonado consiguiente para eliminar el sudor y alguna tierra del cuerpo... coincide ello cuando ya se “ha ido el Sol” y en el horizonte quedan esos bellísimos tonos rojos, rosas, naranjas, azulados y mientras me deleito mirando “la despedida cotidiana del Padre Sol”, observo las golondrinas y murciélagos, que en grupo, vienen a esa hora, vuelan sobre la piscina y “comen” los insectos que sobre la misma vuelan... luego en rápida pasada a ras del agua beben y... unas marcharán a sus lugares de descanso nocturno y los otros, a su continua caza nocturna hasta que “vuelva el Sol”... los gorriones ya están en “sus dormitorios de la yedra o arbolado” y aún... “discuten entre ellos”, aunque pronto se ponen de acuerdo y callan. Terminamos cansados, mi esposa y yo; y con la hora justa de cenar, que suele ser ya cercanas las diez de la tarde noche (puesto que aún es de día). A esa hora siento la vuelta de los abejarucos que apuran el día hasta el último momento y vuelan para dormir en sus nidos y supongo que alimentar a sus polluelos, si ya han eclosionado de los huevos; algún pato o ánade, vuela por encima hacia el lugar que tenga como residencia, siempre junto al río y camuflado entre las cañas, juncos o aneas de sus orillas.  Pronto empezarán a cruzar en sus vuelos nocturnos las grandes aves migratorias y que todos los años pasan por encimo de... “mi campo” y “nos saludan con sus gritos o graznidos”.

            Efectuada la frugal cena... y terminados los “preliminares de quitar la mesa”... al fin, nos sentamos en el porche y ni apenas hablamos; nos recreamos en  el silencio reinante, el adormecedor sonido de “los chorrillos de la fuente”... o ponemos bajito un minúsculo receptor de radio... enciendo un pequeño puro (“ya los grades me dan cierto reparo”) único que fumo y no todos los días; y mientras lo hago, miro a las estrellas, observo el paso de algunas aves que van o vienen (migratorias o que se trasladan de lugar) a estas horas de la fresca noche... ni esposa se suele quedar dormida en la “tumbona”, el perro igualmente descansa, harto ya de jugar todo el día, e ir siempre tras de uno de nosotros, o de los nietos si nos han visitado... y sobre las once y treinta, nos solemos acostar; yo leo hasta que el sueño no me deja... apago la luz, pienso en “muchas cosas”... incluso hago alguna oración y pido a Dios, que me deje vivir mañana, otro día tan feliz como el vivido hoy... “mañana le pediré para pasado”... no hay que ser muy exigente... “con quien –seguro- sabe mejor que nosotros la vida que tenemos que vivir y ésta  la tiene anotada en sus archivos y supongo que anotada hasta el último segundo”, así es que para que, preocuparse de lo que no depende de nosotros (lo dijeron Epicteto y Marco Aurelio... “dos buenos sacerdotes de la vida real en este diminuto planeta”)... amén.

Jaén: en la mañana del 17 de Julio del 2005 (Retocado un poquito, en la mañana del día siguiente).

 

 

 

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