Nº 34

 

UN DÍA CUALQUIERA

(Verano del 2006)

 

            Hoy es once de Julio y como me viene ocurriendo hace bastante tiempo; a las cinco treinta (siempre antes de las seis) estoy despierto. No me levanto de momento y pienso y medito y cuando no quiero hacerlo, he de recurrir a la lectura… siempre son mis amigos los libros y desde niño, los que tengo al alcance de la mano y cerca de la cama. Y no me levanto por cuanto aún no ha amanecido, puesto que al estar regidos por  la “hora política”, en España van dos horas adelantadas, o sea que en realidad y si nos atenemos a la “hora solar”, simplemente deduciendo dos horas estaremos situados en ella. Cuando llevo una hora o cosa así, ya no aguanto más y “me tiro de la cama”, levantándome con pausa, sin prisas; y lo primero que hago  es abrir mi ventana y mirar los árboles y plantas que tengo cerca de mi, aspirando el aroma y fresco de la madrugada, si bien lo del fresco, aquí y ahora no es mucho, puesto que ayer se llegaron en Jaén, a los cuarenta grados a la sombra.

            Lo primero que veo y admiro es las ramas del cedro que llegan casi a mi ventana, las adelfas y rosales que tengo al lado; el manzano que hay junto a estas, los cipreses, almendro, acerolo y laurel que están en línea… el nogal del vecino y un granado del mismo, cuyas ramas entran ya en mi parcela… y “muchas otras plantas o arbustos que sería largo enumerar”. No muy lejos, canta un ruiseñor al que pronto “no oiré”, debido al griterío de los alborotadores gorriones que viven en mi terreno… antes he oído el ladrido de algunos perros, el canto de algunos gallos… algún murmullo que me ha llegado y que producirá… “vete a saber que tipo de bestezuela de las que nocturnamente andan en busca de caza y comida, por el duro campo”. Es “el concierto nocturno del campo”  y que  sirve como bálsamo medicinal.

            Doy gracias a Dios por estar vivo “y sentir como siento”… y respirando profundamente el limpio oxígeno del campo, pido seguir vivo y activo durante aún mucho tiempo, ya que… “para pensar y escribir, no so necesarias muchas fuerzas físicas… sí mentales y anímicas”… y de estas, de momento y a mis sesenta y siete años, que pronto serán uno más… estoy bastante bien “pertrechado” y como muestra ahí está mi producción constante, sea publicado o no y lo que tengo “almacenado”.

            Salgo a pasear por la lonja y jardines del chalé y voy minuciosamente viendo, cada planta, cada flor, cada árbol o arbusto… las golondrinas que se posan en el cable del teléfono que cruza la piscina; los jilgueros que anidan en el ya alto pino del centro de la parcela; las tórtolas; los gorriones que vuelan siempre atentos a lo que “venga”; algún gato asilvestrado, de los muchos que aquí hay y que son “las fieras propietarias de verdad de este reino natural”, y en cierta medida… de todo este campo poblado de chalés  y otras edificaciones rústicas, así como de los campos de huerta que aún subsisten y que no han sido vendidos para la especulación. Riego alguna planta que veo necesita un auxilio para aguantar la próxima y extrema calor que llegará inexorablemente hoy. Miro la fuente que hay en el centro y donde vienen a beber gran cantidad de pájaros, cosa que me hace feliz… como el ver que cada día, vienen a los pies de la gran morera que hay… a comer las semillas de las moras, que ya secas y endurecidas, siempre son barridas y echadas allí, puesto que sé que a lo largo del verano, esos pájaros que vienen a cientos y escalonadamente, no dejarán apenas nada de esos diminutos granos… antes en su maduración, han venido a comerlas dulces y maduras e igualmente en bandadas… puesto que estas aves, saben mejor que nosotros cuando una fruta está “de comer”; de ahí que aquel viejo hortelano me dijera una vez… “la fruta más rica y apetitosa del árbol, es la que el pájaro ha picoteado”… y es verdad a mi entender, pues el pájaro sólo comerá de ellas cuando están en su mejor momento.

            Bajo a mi pequeño o diminuto huerto y veo mis pimientos, de los que ya he comido algunos, al igual que zanahorias, que este año se me han dado “muy bien”. Veo a las berenjenas que ya empiezan a engordar; los tomates de los que “contados” tengo ya cuatro de buen tamaño y que van enrojeciendo y dentro de unos días estarán para comerlos. Reparo en las cebollas, y de las que ya he comido…  y aprecio que este año “tendré buena cosecha”, puesto que para mí lo es toda, la que rebasa los diez kilos. Miro a mis perales y ciruelo, que este año no me “han dado nada”, puesto que los últimos fríos impidieron “el cuaje” de las flores; también ha sido afectado el acerolo que tendrá muchas menos acerolas, pero que engordarán más y ello es la compensación natural. Por el contrario, el almendro que el año pasado tuvo muy pocas, este año está “cargado”. Ni que decir tiene, que todo lo cuido cuasi ecológicamente y no intervienen abonos químicos de ninguna clase… necesariamente tengo que emplear algo de insecticida, pero lo hago mínimamente y cuando “mis plantas”  peligran, puesto que los cultivos del hombre son siempre mucho más débiles que los que genera la naturaleza y hay que defenderlos… pero siempre debe hacerse ello con suma prudencia.

            Hecha esta visita minuciosa, vuelvo a la casa y me aseo y medicino (mientras oigo las noticias en una cadena de emisoras de radio); después tomaré un vaso de zumo natural de naranja y donde se ha exprimido un limón; y me preparo para marchar a la ciudad, que es donde tengo mi despacho y “centro de mis trabajos”. Normalmente a las ocho y media ya estoy allí y de inmediato, marcho a dar un paseo de un par de kilómetros en total y lo que realizao por las zonas urbanas que me apetecen. En ellas encuentro gran cantidad de conocidos que me saludan, cosa que me agrada infinito. En el trayecto ya he desayunado las ricas tostadas de Antonio Tello, las que son un prodigio de calidad y cantidad, en estos tiempos miserables en que vivimos… es claro que mi media tostada (único pan que tomaré a lo largo de cada veinticuatro horas: se trata de la mitad de la pieza que se denomina “chapata”) la tomo con aceite de aceituna, tomate y picándole un diente de ajo, por cuanto todo ello es magnífico para el organismo. De bebida, tomo leche con una bolsita de té, en ella. No empleo ni la sal ni el azúcar, por cuanto tengo que seguir unos cuidos para no engordar, a lo que soy propenso… máxime, que de siempre para mí el comer, ha sido  y sigue siendo un placer… “imagine el lector, la fuerza de voluntad que hay que tener para aguantar esos apetitos”… máxime cuando mi caldera de cocción, sigue como de niño… “es capaz de digerir hasta las piedras del río… como dicen que hacen los palomos”.

            Y por fin llego a donde mi alma se encuentra mejor… mi despacho, mi oficina; con mis “papeles y libros… con la música clásica, la radio siempre conectada a la emisora de Radio Nacional de España;  de igual nombre (“Clásica”). Veo el correo electrónico (“del otro ya apenas viene”) y de inmediato borro “la plaga” que cada día llega, sobre todo en idioma inglés, que me importa “un rábano” lo que contengan… “el que quiera comunicarse con migo ha de hacerlo en español”. Retengo o archivo los que me interesan, correspondo a todos los que me escriben con educación, puesto que hay energúmenos y más en este tipo de comunicados, donde casi todos y cobardemente, ocultan su nombre y apellidos, amén del lugar de procedencia. Atiendo igualmente  y de igual forma, a las réplicas que pueda tener en los foros de Internet y cuyos avisos me llegan por el citado correo. Envío mis artículos (uno o dos por semana: a lo sumo tres) a un total que casi llega yo a los setecientos destinos; inserto los mismos en los tres blog que mantengo y en nueve foros de Internet; donde igualmente y sobre la marcha, improviso e inserto, comentarios más o menos cortos y según me surgen por “la circunstancia del momento”.

            Antes o después de todo ello y según “como tenga de revuelto el caletre”; hago un artículo, dos o tres incluso; o algún relato que inicio o incluso termino.

            En el intervalo ha venido a despachar con migo, mi muy querido yerno Luís Carlos (lo quiero como si fuera hijo mío… “o más”, pues ya lo necesito; y me atiende mucho mejor que mis propios hijos). Tengo depositado ya en él toda mi confianza y le he nombrado albacea de mi testamento. Me lleva todos los asuntos materiales y “algunos que no lo son”. Ya y muchas veces, me repele todo lo material, que forzosamente tengo que seguir controlando, puesto que es la base, hoy de mi vejez y la de mi esposa… sonrío con cierto sabor amargo, la cantidad de años y fatigas, que tuve que emplear para conseguir este sostén, que lo ha sido para toda la familia; puesto que de ello viven (ya hasta les hemos dejado el hotel y otros vienes muy valiosos: a nosotros nos sobra con lo que aún nos queda y que espero dejárselo, no solo mantenido, sino “acrecentado”; y ello, por la simple inercia del cuido de esos bienes) Y por lo mismo y casi a diario, viene a verme. Estamos despachando un tiempo que puede ser de quince minutos o de una hora, nunca más… y luego marcha; y yo vuelvo a “mi paz”… la que afortunadamente recupero siempre que estoy solo, difícilmente cuando tengo compañía de “quien sea”… salvo mi pequeño perro Aníbal, el que “como no habla… nos entendemos perfectamente, pues yo tampoco ladro”. Mi familia o no me entiende o también pudiera ser (no lo creo en absoluto) que yo sea difícil de entender, puesto que yo “nunca ataco ni incordio”; mi familia sí y de ello, desde que me acuerde… creo que no han sabido valorar honestamente todo cuanto he representado para “todos”, por lo que y simplemente por ello; debieran haberme “estudiado” y no “interferir donde saben de antemano, que nada tienen que hacer mientras yo viva”… es lo contrario de mi citado yerno, él si que supo entenderme desde un principio y yo viendo ello, le he ido correspondiendo con todo cuanto he podido… “son las cosas de la vida, se dice que ni se eligen hijos ni familia… los amigos sí”… aunque también lo primero pudiera ser y, según las leyes “discutidas” del Karma o de Causa Efecto y la de Reencarnación… hoy me da igual… “yo supe ser yo y encontrarme a mi mismo” y de ello no me va a mover, nadie… “salvo el Dios que me creó… supe vivir en soledad intelectual y estoy aprendiendo a vivir en soledad física”… será mi sino y lo acepto… no pido más… “o no pido nada que no me haya yo ganado con mi propio esfuerzo, inteligencia y trabajo y lo que defenderé siempre con todas mis potencias”.

            Así las cosas, van pasando esas tres o cuatro horas máximo y que dedico “a estrujar el caletre”… y cuando llegan las trece horas, suelo estar bastante cansado (nunca agotado, pues mi mente es incansable) físicamente… cierro el ordenador y marcho a la cercana cochera, monto en mi flamante “Mercedes” (“regalo de mis tres hijos, al recibir nuestro regalo “hotelero”) y me pongo en marcha, para mi chalé, distante seis kilómetros ochocientos metros; y en el trayecto, sigo escuchando música clásica, salvo excepciones, “ella me va alimentando y descansando el yo”.

            Quiero aclarar lo del “flamante Mercedes 200 CDI” (“dotado de todo”) por cuanto yo ni pensaba en ello, puesto que compré hace quince o dieciséis años, un BMW 520i y el que cuando nos llegó el “Mercedes”, sólo contaba menos de cien mil kilómetros de recorrido, por lo que y debido a mi esmerado cuido de “todo lo que he poseído”, esperaba “morir ya con éste último automóvil”… “pero mi esposa, deseaba un Mercedes… y por lo visto, ese fue el principal motivo”. En fin es un gran regalo y lo agradezco como tal… “a tal señor tal honor”. Aún conservo en perfectas condiciones, mi ya viejo “Dodge Dart 3700” (“mi búfalo como yo le decía”) y el que comprado y estrenado por mi, en diciembre de 1975, cuidado como antes digo… hoy cuenta en su cuanta kilómetros, con menos de sesenta mil recorridos… “y resulta hoy un placer, pasear los domingos con tal cacharro, que más parece una pequeña camioneta por su tamaño y volumen”, pero que conserva unas líneas modernas del automóvil clásico y pese a su vejez, puesto que es un modelo norteamericano que creo data de los años cuarenta o cincuenta, del pasado siglo, pero fabricado en España en el  año citado… “y no, no le tengo un imprescindible cariño (ya poco me atrae “lo material”)… de echo lo tengo en venta en Internet, pero y es claro, han de pagármelo en lo que hoy pido… quince mil euros” (los caprichos hay que pagarlos) puesto que dicho automóvil, lo tiene todo de origen; hasta la tapicería, la radio y reloj, así como la refrigeración; todo lo cual funcionan perfectamente.

            Llego a mi casa en el campo, me baño o no, según me pille de ganas; como no abundantemente y bebo sólo un vaso de vino tinto (amén de agua con limón: tomo tres limones diarios: su zumo en una copa de agua); después y mientras hago la digestión, veo un poco la televisión y me acuesto (muchas veces muy cansado) una hora y media de siesta… siempre y al lado de mi cama, estaré mi citado perro (Aníbal), el que me sigue feliz al lado del lecho, tanto en la siesta como en el descanso nocturno.

            Me levanto y tomo una merienda para sostener “mis muchas hambres” y consistente en una pieza de fruta, generalmente manzana o pera y una infusión de manzanilla (recogida por mi en primavera) con un poco de leche. Así aguanto el hambre hasta la cena, que igualmente será frugal y con la que completo “mi arsenal diario”, de medicinas y el que se inicia por la mañana, con tres comprimidos, un parche de nitroglicerina y una pomada nasal para mantener engrasados los tabiques; continua con otros tres comprimidos tras la comida del medio día y termina con otros cuatro tras la cena… “mi corazón y anexos necesitan todo ello, según mi cardiólogo y además ese suministro va a ser de por vida”… en fin paciencia y “a caminar que es otra medicina”.

            Tras la merienda veo la televisión si hay algo que pueda interesarme y mi mujer me deja, puesto que es hora que la televisión “le pertenece”; luego y cuando el calor cede, salgo y tomo un baño y luego otros. Cuando “refresca algo” paso  a cuidar mi jardín y huerto. Días atrás sembré judías de dos tipos, para tener verdes en los meses de agosto, septiembre y octubre… aún no han nacido. Vuelvo a repasar “mi minifundio” y luego me siento a leer la prensa, o mejor dicho, el único periódico de papel que leo y que me regalan cada día en el hotel; donde llegan en cantidad para entrega gratuita a los clientes (diario ABC de Madrid) ya con Internet, no es necesario el periódico de papel… algunas veces, me entretengo en partir nueces o almendras, si dispongo de ellas; saco algunas cebollas o zanahorias para el consumo; recojo algún tomate o pimientos si hay: repongo tierra en las macetas o tiestos que la necesitan; quito alguna mala yerba de mis plantas… riego con comodidad, puesto que tengo una tupida red de conductos y gomas para ello; recojo algunas “cosas” (hojas, agujas del pino, insectos) que el viento lleva a la piscina… y hago alguna faenilla así… las que ya, si  duran algo más que “el instante”; suelo llevar con migo un liviano taburete de plástico, que me permite hacer estas faenas, cómodamente sentado. Y así va pasando la tarde, hasta que sobre las nueve y ya bañado y enjabonado (me gusta más el jabón que el gel de baño, por la grasa que lleva siempre el habón) ceno y veo algo de televisión mientras dura la cena, “recojo los platos y anexos” y.

            Ya “cenado y fresquito”; salgo al porche y me siento en un sillón de mimbre en el que estaré hasta la hora de dormir (a intervalos daré cortos paseos sin salir de mi terreno y miraré plantas y flores e incluso a las estrellas); antes he puesto los chorritos de la fuente, puesto que ese murmullo gustan tanto a mi mujer como a mi, he encendido la pequeña radio portátil y oigo un programa interesante en la noche (La Linterna de la Cadena COPE y si estoy harto de malas noticias, simplemente busco otra cadena que da sólo música ligera)… como estoy al aire, enciendo un cigarro puro y lo consumo con gran placidez, ya que me ayuda a relajarme e igualmente a pensar y meditar… siempre tengo un libro a mano, por si lo necesito… con mi mujer apenas si hablo, ella suele estar siempre “en otros planetas” y por tanto más que hablar discutimos; por ello mejor “no hablar” (preocupado por ello y como ello dura muchísimos años ya, he preguntado a otros y por cuanto he averiguado, a todos les ocurre algo similar, o peor aún)… la vida hay que aceptarla, como “las cañas” (ver mi artículo sobre éstas y la grama).

            Afortunadamente, están con nosotros, nuestros dos nietos más pequeños… Ana y Alberto, junto con sus padres como es lógico; cosa que agradezco, pues tanto mi hija como mi yerno, ayudan a las muchas faenas que hay en un chalé, si se quiere tener limpio y cuidado. Con estos (mis nietos y yerno Pablo) me entiendo bien, prueba de ello, es que siempre que estoy, “mis nietos, están siempre pegados a mi”: si bien yo soy el único que les regaña, casi constantemente; puesto que a mi entender, no están siendo educados como yo entiendo debieran serlo y sin que yo quiera ni insinuar que están ya maleducados… pero aparte de esos regaños, les enseño muchas cosas y les hago pensar, cosa que ellos instintivamente reconocen y valoran… “aunque digan que, qué gruñón es el abuelo”… yo no tengo problemas con ninguno de mis seis nietos, a los que quiero por igual y por ello, me preocupo de “podarles” lo que creo no debe crecer con ellos. Cosa que ni sus padres entienden y menos mi querida esposa, cosa por otra parte que me es igual, puesto que yo sólo pretendo enseñarles lo bueno que he aprendido en la vida y que es mucho… muchísimo… “si lo entienden o no de momento, es cosa suya”.

            Así acaba el día… generalmente; yo mirando a la estrellas y hoy a esa Luna llena o casi llena, que recorre el horizonte… si bien, esta noche ha sido “tapada” un par de horas, por unas densas nubes de tormenta, que nos obsequian (para mi es un placer ver el gran espectáculo, que asusta enormemente a mi esposa y otros miembros de la familia) con abundante aparato eléctrico, seguido de grandes truenos e incluso alguna lluvia, que pareciera iba a refrescar el enorme calor soportado hoy, cosa que no será, por cuanto ese agua, producirá un bochorno que nos acompañará toda la noche y que mitigamos, gracias al potente aparato refrigerador que atempera los tres dormitorios de la casa; lo que permite que “cojamos el sueño de forma placentera por lo fresquita”. Luego me enteraré que esa tormenta ha producido varios incendios forestales… “la plaga de España, que dedica poco a prevenir o a aminorar posibilidades”.

            Antes de ello y como siempre; leo hasta que el sueño me obliga a dejarlo y hoy he sentido dejar la  lectura y como tantas otras veces, puesto que estoy leyendo la obra de Máximo Gorki: “La Madre”, que alguien me la asimiló a mi primera novela publicada (Aullidos en Andalucía: Los Lobos de Sierra Mágina)… pero pese a que la de Gorki, es casi del doble de extensión en letra impresa; su contenido y debido a ese diluir o largos textos, que siempre he encontrado en las obras rusas que he leído… mi novela, dice mucho más que la de Gorki y en muchas menos páginas. De las casi cuatrocientas páginas de la del ruso, yo creo que las podría sintetizar en la cuarta parte o cosa así. Nadie crea otra cosa que lo que digo; puesto que esa obra, tiene para meditar y de hecho he subrayado y señalado párrafos, enormemente “alimenticios” e incluso he escrito algo en sus márgenes y como vengo haciendo en los libros que leo y desde hace ya muchos años. En esta y  sorprendentemente para mí, este socialista luego comunista, nombra mucho a Cristo “y sus enseñanzas”.

            He dormido bien, cuatro o cinco horas (son suficientes) y a la misma hora de ayer, aproximadamente… “mi cuerpo ha recuperado su alma y ha despertado físicamente”… con lo que reanudaré, un día más  y que será… “otro día cualquiera”.

 

 

Jaén: En la mañana del 12 (un día después del día vivido) y entre las diez y las doce de su mañana… de Julio, del 2006

 

 

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