RELATO Nº 36:

R A Í C E S

(Un regalo para mis lectores de este verano)

             El reloj del portátil en que escribo, marca las 18,20 horas del día once de agosto del 2007; al menos las “raíces” horarias las puedo precisar, puesto que es un satélite que “anda” por el espacio, el que con la precisión de la alta tecnología “lo dice”… será verdad, aunque tampoco el tiempo tiene raíces… ¿pues qué es el tiempo? Ya lo deduje hace tiempo y lo definí con arreglo a mi inteligencia, su definición la encontrará quién esto lea, al final del relato. Me encuentro en bañador, recién levantado de un par de horas de siesta, en la que leo más que duermo; estoy en el porche de mi chalet en el paraje del “Puente Tablas”, corre un agradable viento del noroeste, que mueve las ramas de los árboles, que mandé plantar, el sol de agosto hoy aprieta menos… frente a mi, el gran pino que plantara por mi indicación, mi hijo Pedro Antonio, hace ya cuasi treinta años y que hoy, ese árbol tiene un tronco con mayor perímetro que el tórax de un hombre fuerte, puesto que ha crecido “bien alimentado” y lo ha aprovechado muy bien, siendo el más corpulento de todos, no siendo el más viejo. En la fuente que junto al mismo hice instalar, que es de mármol blanco de Macael (cordillera de Sierra Nevada) y que es de “tres alturas” y estilo clásico… está bebiendo una tórtola, de las varias que anidan en mi propiedad o en los alrededores, puesto que procuro tengan siempre agua y para ello, dejo caer un hilillo o renuevo los contenidos de los dos “pisos altos”; así estos pájaros y otros muchos, vienen a beber y yo disfruto viéndolos… un par de moscas me están jodiendo mi trabajo como escritor, pero estoicamente las soporto, puesto que no las puedo machacar con las manos y no me apetece entrar en la casa y untarme de repelente… que disfruten estos bichos de mi abundante anatomía y coman de mi piel lo que puedan o les apetezca, mientras yo escribo sobre “estas raíces”, puesto que el tema lleva días escarbándome en la mente y necesito “vomitarlo”. Un gato montaraz o asilvestrado (estos gatos son los “verdaderos dueños del territorio”), pasa a mi lado, me mira con desprecio y sigue su marcha, va también a beber agua a mi fuente, hace calor y el muy sinvergüenza… “ni da las gracias”. Sonrío y en cierto modo admiro a este libre vagabundo y vuelvo al relato.

            ¿Pero que son las raíces humanas… eso que con tanta pasión y tan poco conocimiento conmueve a algunos humanos? Confieso que yo no lo sé, o al menos no estoy completamente seguro de poder precisarlo. Puesto que y resumiendo en pocas palabras… ¿Qué me puede decir o conmover el saber quienes fueron los abuelos de mis abuelos y donde nacieron y lo que hicieron? (mi abuelo paterno, curiosamente era murciano de Lorca: yo pasé una vez y comí en Lorca y nada sentí; y menos me preocupó ello)… bueno, pues lo mismo que yo,  supongo que van a sentir los nietos de mis nietos. O sea nada, o tan poco que mejor no “menearlo”… “las estirpes nacen y mueren diluyéndose en miles de cruzamientos y desaparecen, como las aguas terrosas que arrastran los  ríos y tras atravesar sus deltas… desaparecen en el  mar”.

            El ser humano somos un insignificante punto o partícula en el planeta y este a su vez, es “nada” en el espacio y por tanto, nada somos en el Universo, aunque eso sí, dicho ello me reconozco como individuo de una especie, una maravilla de la Creación… ¿Pero acaso no lo son también cada una de estas pellejas moscas que me están molestando?... seguro que sí, pues individualmente son una maravilla y en muchos “campos”, están mucho mejor dotadas que el propio hombre, si bien su vida es muy limitada y sus raíces, posiblemente tampoco las saben… “pues nadie ha hablado con una mosca”… al menos que yo lo sepa y por tanto, no sabemos que piensan, si es que piensan y que les preocupa, aparte de estar molestando como lo que son y para lo que indudablemente fueron creadas… “pues creo que todo tiene un por qué, en el Universo, lo que  ocurres es que no tenemos ni somera idea de ese “porqué” de cada cosa”.

            En estos días y en esa bochornosa televisión deformante, aparecen un grupo de maoríes, que dicen descender de un español de Castilla, que hace más de un siglo, o siglo y medio; emigró a Nueva Zelanda (o puede que recalase allí vete a saber el por qué y como)… pero bastante ardiente como español, casó allí con cuatro nativas y tuvo casi dos docenas de hijos; por tanto, los descendientes, hoy son muy numerosos, si bien llevan de maorí mucho más que de español castellano; pero el caso es que todos llevan el apellido del pueblo del español, puesto que así se apellidaba el iniciador de “sus raíces” y vienen a España cada diez años, una representación de tan larga prole a convivir con los nativos castellanos del actual pueblo (lamento no recordar el nombre) y aquí, danzan danzas españolas y ofrecen sus danzas maoríes y dicen que lo pasan muy bien… en esta España, que normalmente trata bien al visitante que viene “a dejarse algo aquí y no a importunar o crear problemas”. Humano, bonito, curioso y edificante, pues al fin y al cabo son convivencias humanas y positivas, más aún por cuanto esos que vienen, lo hacen desde nuestros antípodas… puesto que viven debajo (o encima) de nosotros al otro lado de esta semi esfera achatada que denominamos Tierra.

            Pero yo, ya digo… mis raíces no las encuentro; veamos los motivos. Nazco y por puros azares de la vida, en el municipio desde donde escribo (Jaén) y digo azares de la vida, puesto que mi progenitor que es “hombre de uniforme”, está destinado aquí; mis padres, ambos son de otro municipio de esta provincia (Mancha Real) donde y por esos avatares de una terrible guerra civil, asesinan a mi padre y “lo tiran a una fosa común en compañía de otras docenas de desgraciados” (venganzas terribles y absurdas del hombre convertido  en bestia sanguinaria)… pero allí me bautizan en la religión Católica, puesto que cuando nazco… en donde lo hago, no hay curas salvo los asesinados y alguno escondido; pero mi madre y sobre todo mi abuela, creyentes ambas, deciden bautizarme; lo que por otra parte era obligatorio, ya que “menudo poder el de los curas en la época de Franco y más en aquella en que recién ganada la guerra, tener de padrino a un cura era algo envidiable por las masas de hambrientos y desarrapados que dejó la guerra”.

            Pues sí, me bautizaron en el muy bello templo de la villa y como por un sueño, creo recordar, que le dije al cura… ¡yo no tero sal!... y me eché a llorar.

            Luego cuando fui creciendo, pasé mis primeros seis años y pico, en aquel pueblo (a los siete y junto a mi madre, me ponen a trabajar en la capital y aquí sigo) y vi llorar a mucha gente, vi muchas cosas muy desagradables y penosas, repugnantes… muchas injusticias y terribles amarguras e impotencias y es claro, yo veía llorar y también lloré mucho… principalmente, por que yo veía a muchos niños que tenían padre y el mío no aparecía por ningún lado y cuando preguntaba a mi madre, el por que no aparecía… se echaba a llorar y no me decía nada… terribles experiencias para un niño, que no tenía ni siquiera otro hermano para poder jugar o pelearse con él, como yo veía hacer a los chiquillos que había en aquellos miserables hogares de la posguerra, que eran muy abundantes, puesto que los hombres y mujeres fértiles, de lo poco que tenían disponible, una de las cosas agradables, era “acostarse y tener hijos”… que la “Santa Madre Iglesia” bendecía con grandilocuentes palabras, pero los cuidos y el mantenimiento de aquellas numerosas proles, no entraban en sus prédicas; esos lo dejaron siempre para los progenitores… ¿El Gobierno?... quizá poco podía hacer y lo que hacía y es claro ello, lo hacía siempre en favor de “los ganadores” y sus descendientes, puesto que vivíamos en una España de “clases enfrentadas”, como igualmente vivimos hoy; lo que ocurre es que hoy hay mucho por repartir y entonces había bastante poco… pero hoy al igual que ayer, los enchufados al Gobierno, se llevan la mejor parte… es condición humana, pero por lo menos (reitero) hoy hay abundancias; quizá hasta excesivas y ello también es perjudicial para “el blando ser humano”, que al no saber lo que tiene y disfruta, imbécilmente no le da el real y justo valor a ello y menos la descendencia de aquellos que vivimos lo que cuento… “esta la tienen… miserablemente drogada entre unos y otros, haciéndoles ver demagógicamente  que son  algo, cuando en realidad la mayoría no son nada”… pobrecitos, la que les espera cuando aprendan a “despertar”.

            Antes de venir a la capital donde había nacido, allí en el pueblo, viví otros dramas; la muerte de mi tío Juan José, hermano de mi madre y que “mataron” en Sevilla, en un quirófano, puesto que (pienso) fue una especie de cobaya, en una operación quirúrgica que hubieron de hacerle, a consecuencia de un culatazo recibido en el vientre, en un campo de prisioneros de guerra… “mejor no menearlo”… pero era tan miserable la situación económica de nuestra familia (también la del Ejército de Franco, que no dio ni una peseta) que ni pudieron ir a enterrar, a aquel buen español, que lo único que hizo fue trabajar desde niño e ir obligado a un ejército que “acabó con él”… fue algo así como mi segundo padre y al que recordaré con cariño mientras viva… ni sabemos el lugar donde lo enterraron, el ejército lo enterró como “a un mulo muerto”.

            Después de aquello y empujados por las hambres y carestías, amén de la marginación política, que no les dejaba nada más que los jornales necesarios a realizar en las faenas del campo  (olivar, siega y poco más) vi marchar a mis dos tíos carnales, hermanos de mi padre, acompañados de su prole y sus miserables pertenencias… primero a un coto minero y luego a Cataluña, donde se establecieron, uno ya fue enterrado allí y el otro lo será pronto, pues “anda ya” por los casi noventa años. Son simplemente dos… “de los dos millones de andaluces que faltan de Andalucía y que se fueron a causa de las hambres que padecieron y otras hambres que dejo al inteligente las imagine”. También tuve un padrino y una madrina, que lo fueron antes de bautizarme; pero el uno tuvo que huir por miedo al fusilamiento, se estableció en Francia, y si bien se carteó alguna vez con mi madre, pretendiendo casarse con ella, nada aportó a su ahijado, pese a que nos dijeron que se había hecho de un patrimonio aceptable; (pocos saben el compromiso que contraen al apadrinar a una criatura, pues en casos como este, es el padrino el que tiene que sostener al  apadrinado hasta su mayoría de edad)… antes de ello, su mujer y madrina mía, trató de reunirse con él, pero no la dejaron pasar la frontera (Europa andaba “amasando cadáveres” en su segunda  y maldita guerra)… y aquella frágil mujer, a consecuencia de aquello y de la enfermedad que fuere (que se agravó) murió y desapareció de mi vida. Tampoco recibí mucho de ella, sencillamente por cuanto apenas si tenía para vivir; y fue gracias a una tía suya, que la acogió cuando la gran marcha de los derrotados republicanos españoles, pudo sobrevivir… aquellos derrotados; los verdaderos, aquellos que dieron el pellejo por una fracasada república, cuya consecuencia fue… “el nacimiento al poder y la dictadura de Francisco Franco Bahamonde… por la gracia de Dios” (así figuraba en las monedas que se pueden ver en algún coleccionista o museo)… y el que curiosamente es el artífice de la España moderna, cosa que los que viven aún de lo que “atesoramos en su era”… le niegan; son cosas de la vida, al dictador sólo  le reconocen sus crímenes (que fueron muchos) pero todo lo positivo de sus cuarenta años de gobierno, no… “al enemigo ni agua”.

            Mucho después y siendo yo un hombrecito que llevaba ya siete años trabajando, mi madre se casa con un viudo; en esos matrimonios de conveniencia mutua, y de dos familias destrozadas: de pronto, se conforma una con cinco miembros ya y “antes de la noche de bodas”. Acierto  pleno por ambas partes, puesto que felizmente se conforma en un núcleo humano y trabajador, hasta donde las fuerzas pueden soportar… y empezamos a prosperar; así me encuentro con dos hermanos, a los que quiero, luego nacen otros dos más y me encuentro, más que como hermano; como una especie de “tío” con cuatro sobrinos, puesto que yo y viendo a otros, entre ellos a mi propia mujer… “yo no he sabido del cariño de hermanos, sencillamente por que el tiempo de ello pasó y mi alma se llenó de cicatrices que nunca se han borrado”. No conocí ni hermanos ni padre; Dios me compensó con “dos grandes madres” y que fueron la mía propia  y su madre, mi abuela… “la más grande mujer que yo he conocido y a la  que dediqué  mi primera novela”… lo merecía y en aquel relato, me  quedé corto.

            Sigue pasando el tiempo y muere primero mi abuela (1973) que fue mi segunda madre (reitero)  y con la que aprendí mucho de lo que luego me iba a servir más que si hubiese estado en la mejor universidad del mundo; “bendita seas abuela”… nunca te olvidaré si diez mil años viviera.

            Cuatro años después (1977) muere mi madre (mi bendita, abnegada y martirizada por la vida… mi madre) la que se la lleva un terrible cáncer, que la va matando poco a poco en algo menos de dos años y que ya en sus últimos días, era yo mismo el que mirando al cielo le decía… ¡¡Llévatela ya… ya está bien!!... tenía, 57 años, era guapísima y fue simplemente dos cosas… MUJER Y MADRE.

            Y yo… sigo viviendo o mejor dicho, soportando esta vida que ni entiendo ni comprendo, pero que me precio de haberla sabido vivir con toda la intensidad que cada momento me ha marcado y por lo que (asómbrense) doy gracias a Dios, en el que sigo creyendo, superada mi época de renegar de El… y así, llega el fin del último eslabón de los miembros de “mis raíces”.

            Al final del pasado siglo muere el menor de todos mis tíos, mi querido tío Diego; otro huérfano más, como lo fueron sus dos hermanos (mi madre y Juan José) que ha trabajado toda su vida, como “bestia de carga” y que cuando consolidó su bienestar y va envejeciendo, se tuerce y cae en la bebida y se convierte en un desgraciado, que hace padecer a su esposa (magnífica mujer) sus hijos y  a mi mismo, que soy el único que le queda de su “propia sangre”… se logra rehabilitar, vuelve a ser lo que siempre fue… “un pedazo de pan”… y muere felizmente en el seno familiar y llorado por todos… yo también, aquel día lloré por todos, pues ante su cadáver y en solitario, por mi mente pasaron todas las escenas de “mi película particular” y aquello haría llorar a una  piedra.

            En el entierro allá en el pueblo natal de mis padres, al enterrarlo, un vecino que dice conocerme, me invita dice señalando… “allí está tu padre”… sin emoción alguna, me dirijo acompañado por este hombre (al que ni recuerdo) y me muestra un enterramiento, donde han reunido todos los huesos de aquellos desgraciados fusilados y a los que me he referido en este relato… le doy las gracias y rápidamente me separo de aquellos tétricos y absurdos recuerdos, que los nuevos políticos y seguro que para provecho de “su política”; han procurado realzar y adornar, para gloria de aquellos que ya nada puede recibir… “pues miles y miles de huesos revueltos”… ¿para qué sirven ya?… no es mejor guardar los recuerdos en el alma y que queden enterrados allí… yo hace mucho tiempo que supe comprender y guardar todo ello en la mía y para que no dañe a nadie en el futuro… cosa que algunos canallas no quieren entender, puesto que ya lo digo y reitero, mientras favorezcan a sus políticas y no les cueste un euro, pues a remover muertos y tirarlos a los contrarios… “cosas de la barbarie española”.

            Yo a mis muertos los llevo en mi alma, casi a diario los recuerdo, los recuerdo en mis oraciones y algunas veces hasta he llorado, recordando sus tragedias (las mías las he sabido soportar y asumir) pero nunca he vuelto a sus tumbas o enterramientos; a alguno por que no sé o pude, a los otros, por cuanto asistiendo a su enterramiento o “ennichamiento”… pensé que aquellos despojos que allí quedaban, ya no servían para nada en este mundo… su alma (en lo que creo) les abandonaría al morir y estará en lugares mejores a los conocidos; puesto que si no es así… ni existiría Dios, ni la Justicia Universal y en ambas cosas creo y por ello “me sostengo”… recordando en este momento la sentencia de aquel Cristo masacrado en la cruz… “quién a hierro mata, a hierro muere”… espero se cumpla esa justicia, hasta la última viruta de “ese hierro que dijo Cristo”.

            Tras quedar sólo en este mundo (es claro que tengo tres hijos, esposa y seis nietos que me quieren, pero ellos no entran en mis raíces; ellos son “ramas”)… desde que fue “ennichadoi” mi tío Diego, no he vuelto por aquel pueblo, ni creo vuelva nunca más, y lo tengo a quince minutos de donde escribo… aquellas calles, aquellos lugares, hoy modernizados y llenos “de lujos”, me harían volver a ver lo que yo viví y vi allí y ya no soy tan fuerte para poder aguantarlo; me mantendré aquí y espero vivir donde nací y sin encontrar “raíces algunas que me reconforten”; pues incluso sabiendo la casa donde nací, y queriéndolo reflejar en mi último libro, me equivoqué al tomar el número y allí aparece donde no es… quizá “mi hado guardián”, al que igualmente agradezco sus cuidos y desvelos… me quiso decir con ello, que mis raíces, ya no son de este planeta ni de este mundo… vienen de otros lugares, que a mi muerte me dirán… y que allí iré tras dejar este “pijama” de carne y hueso, donde me esperan esa otra “familia”.

            Y esto que digo es curioso, puesto que siempre me he sentido mucho más viejo que lo que mi edad representaba y en las últimas décadas de mi vida, he envejecido tanto, que creo haber nacido hace miles y miles de años… pero… ¿Dónde nací y dónde están mis verdaderas raíces, si es que las tengo?... es claro que no lo sé y tampoco me preocupa ello; espero a “la piadosa muerte”, cada día que amanece y no con miedo, sino con un extraño sabor de gran conformidad y confianza en que será… “algo bueno para mi”… Lo dijo Pitágoras… “No temáis a la  muerte, es un tránsito más”.

            Termino de escribir este relato a las 20 horas de igual día; por tanto he tardado en ello, sólo una hora y cuarenta minutos, si bien mañana al releerlo tendré que retocar algo, pero poco… y por todo ello, me quedo… “como si hubiera descargado un barco, cargado de sacos de cemento”… me espera la piscina, cierro y corto, esperando que estas como tantas otras experiencias mías, puedan ser de utilidad a otros y si no lo son, me importa ello  un rábano… “lo han sido y mucho para mi” y ello es lo más importante.

 Puente Tablas (Jaén) 11 de agosto del 2007

 ¿QUE ES EL TIEMPO... EXISTE EL TIEMPO?

             El tiempo nosotros aquí en La Tierra, lo contamos o medimos, sobre la base de las vueltas que ésta da sobre sí misma y alrededor del Sol.

            Si éste preciso instante lo fijásemos aquí en La Tierra, pero al mismo tiempo lo situamos en el Sol, la Luna, Marte... o en la Estrella Polar ("cuyas esferas marcan igualmente su tiempo")... ¿qué sería el tiempo?... ¿de donde partiría y como contaría?... ¿Existe entonces el tiempo y por tanto la edad?.

            Si por otra parte "nada desaparece en el Universo", la materia simplemente se transforma y cambia ininterrumpidamente a múltiples formas y por tanto "siempre será la misma" y el tiempo se fija (o lo fijamos nosotros) sobre la base de esa materia aparentemente fija en el espacio y digo aparentemente fija, por cuanto todos los cuerpos están en continuo movimiento en el espacio.

            Por tanto si la materia (base del tiempo) no desaparece y siempre está presente... ¿no ocurrirá igual con el tiempo... que será constante y permanente pero con diferentes apariencias?

            Deducido todo ello, la eternidad aparece segura... la duda es si también nosotros seremos eternos... desde luego "la materia de que estamos compuestos, si que lo será" y entonces... ¿por qué no el resto de lo que componga nuestro yo "invisible"?

                                          Antonio García Fuentes (20 Abril 1.996)

 

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