Nº 9

De aquel "primer vino" al nacimiento del 

                         Champagne

     He oído decir que... "hay tantos vinos como parcelas de tierra en que se cultive la vid": o sea que el vino es y sabe diferente aún cuando la tierra sea lindera con otra y las vides de igual tipo o clase, lo que quiere decir que el vino tiene tal personalidad que siempre será diferente y ello por múltiples motivos, lo que por otra parte quiere significar la gran sensibilidad del vino hasta llegar a serlo de cierta calidad o atractivo para el bebedor o degustador de "ese misterioso caldo que legaran los dioses a los hombres y vete tu a saber cómo y cuando", pues si como sabemos los griegos tenían hasta su propio dios del vino (Dionisio, si bién era antes que del vino... "dios de la naturaleza, la vegetación, etc.); e igualmente los romanos tenía a Baco como dios del vino, pero la leyenda más antigua (al menos la que yo conozco) procede de India, puesto que es de Oriente de donde parten "todas las sabidurías humanas" al parecer y es en esa hoy inmensa India, donde se sitúa el relato primero que se conoce sobre el vino[1].

      Como hemos podido ver; fue una mujer quien lo encontró por primera vez y ello por pura casualidad y producido todo ello por el dolor al sentirse abandonada por el hombre que amaba y con el que había convivido como plena mujer de éste.

     El relato nos cuenta como una esposa ó amante favorita ("entonces como algunos ahora... los reyes tenía harem") fue relajada al olvido por un determinado rey o príncipe, el que posiblemente por aquello de que "en el cambio está el gusto", cambió de mujer y sus favores principales pasaron a otra concubina del haren.

     Aquella mujer sintió tal dolor y amargura que vagó tiempo buscando el cómo volver a conseguir "los favores" del amado ó cómo poder olvidarlo y en su vagar por el palacio llegó a unos sótanos o bodega (tal y como se relata en la nota 1). Bebió de "aquel líquido" quizá pensando en suicidarse, pero por contra al poco tiempo su cuerpo cambió de estado y cierta euforia "y ganas de vivir" le estimularon a pensar de nuevo en la situación por la que pasaba y por ello, estuvo realizando intentos hasta que su amante la quiso recibir de nuevo y entonces le llevó como presente un recipiente con "aquel líquido maravilloso", descubierto por ella y del que logró que bebiese aquel hombre, el que tras ello, se encontró tan cambiado o diferente, que de nuevo encontró en aquella mujer los placeres máximos que hombre pudiera encontrar en mujer alguna y es así como aquellos amores acabados, fueron recuperados, según el relato tal y como nos ha llegado a nosotros y que tiene "alguna lógica fantástica".

     Pero... ¡ojo!... y aviso a "navegantes" (o quien pudiera leer este boceto del relato) que el vino embriaga y si se abusa del mismo, se puede terminar como alcohólico y entonces lo que en principio pudiera ser bueno, se convierte en una calamidad y en un drama terrible (el alcohólico lo es de por vida) e incluso lo que en el relato se indica como "un estimulante amoroso", si el bebedor "se pasa de rosca", lo que le viene es una impotencia que le anula totalmente "para estimular y atender a una mujer como ésta debe y quiere ser atendida"; por ello cuidado, mucho cuidado con el alcohol y cualquier bebida que lo contenga.

     Pero pasemos ya del que se cree fue "el invento, ó descubrimiento del primer vino" y continuemos con el relato, que como indica el título del mismo "promete hablar sólo de dos vinos".

     El cultivo de la vid fue extendiéndose por todo el Sur de Europa, e incluso fue avanzando hasta el centro del continente, de ahí el que existan vinos en Alemania, Austria, Chequia, Eslovaquia, Hungría, etc., pero donde "más culto se ha dedicado al vino" (a mi parecer) ha sido en Francia, donde incluso se han establecido estudios superiores sobre "la enología" y se han logrado desde hace ya largo tiempo los primeros y mejores "enólogos", de ahí el que "los vinos franceses" hayan sido los más valorados en los mercados internacionales, puesto que los franceses, son hábiles comerciantes y cuidadores de todo lo suyo... "sea lo que sea".

     Pues bién el "champagne" (champán para nosotros los españoles) fue durante mucho tiempo un vino genuino francés y que luego copiaron otros muchos países, entre los que se encuentra España, pero cuya denominación difiere puesto que el español se denomina "cava" (vino de cueva) y fueron los catalanes los primeros imitadores (de ahí "lo de cava") y los que igualmente magníficos comerciantes han logrado introducir "su cava" en los mercados internacionales y se asegura que hoy... se vende mucho más cava español que champagne francés: bien es verdad que los precios españoles son bastante más económicos que los franceses, puesto que para que comprendamos ello, una sóla botella de "Cuvée Dom Pérignon 1990"; se prevé que en 1.999 (o sea dentro de unos meses -escribo en agosto de 1.998-) llegará a cotizarse en alrededor de unos 400 dólares, equivalentes a 60.800 pesetas, lo que demuestran que muchas cosas que "tocan" los franceses, saben convertirlas prácticamente "en lingotes de oro puro".

     Pero el "champagne" (como tantos otros manjares "y esquisiteces") se lo debemos a "La Santa Madre Iglesia, Católica, Apostólica y Romana"... pues "la gran obra" se debe a un modesto y humilde miembro de ella, fraile en una abadía (la de Hautvillers) y cuyo nombre fue el de "Dom Pérignon" (nombre y marca de champán que trata de perpetuar a tan observador fraile benedictino.

     Pues bién, la Abadía de Hautvillers, un lugar cargado de historia (según los franceses) representa hoy el eslabón insustituible que une el presente con el pasado, pues como se ha dicho, en ella "aparece la figura de un monje" de la órden benedictina, el que casi por casualidad descubrió cómo potenciar un atisbo de burbujas mal entendidas que hacía que "los borgoñas" superaran en fama a los vinos de Champagne en la corte parisina de Luis XIV. Curiosamente, la vida del monarca y del artífice de los espumosos discurrieron de forma paralela. Fueron personajes longevos  para su tiempo, murieron ambos en 1.715 y nacieron con sólo un año de diferencia, Dom Pérignon en 1.639, y el Rey Sol en 1.638.

     Para el citado monje hacer vino era su trabajo, se dedicaba a ello plenamente y dentro de la citada abadía, si bién es conocido por el famoso champagne.- Su descubrimiento más importante fue el denominado "assemblage"; o sea, la mezcla, no de distintos vinos como era costumbre hacer entonces, sino de diferentes uvas. En algún momento de su larga vida se percató también de que en algunos de los vinos que guardaba, se producía una segunda fermentación que les hacía cambiar radicalmente; era el fenómeno inusual en otros vinos, se trataba de "las burbujas".      Y a partir de aquel momento encaminó toda su inteligencia a tratar de "controlar" ese algo, que a aquellos vinos burbujeantes los hacía buenos y diferentes.

     Gracias a la privilegiada ubicación de la abadía, situada ésta en una importante ruta de peregrinación, pudo conocer a monjes de otros países y que llevaban consigo objetos que le ayudarían en su trabajo de investigación. Un fraile llegó de Inglaterra portando una botella que se adaptaría a sus propósitos mejor que los toneles de roble que eran empleados en la época. Un segundo clérigo procedente de España le descubrió el corcho, con el que sustituyó al tapón de madera usado habitualmente y que no resultaba eficaz, en el cierre más perfecto que si que se lograba con el tapón de corcho en las botellas.

     Dom Pérignon inventó también la copa "de flauta", alta para que en ella pudieran apreciarse y admirarse "el nacimiento y elevación de aquella enorme cantidad de pequeñas burbujas"; esta primera copa estaba tallada en su base, para con ello encubrir los sedimentos, puesto que en aquellas fechas aún no se había inventado los sistemas para separar las levaduras que acompañaban al vino en la copa y ello quitaba belleza a la presentación de tan original vino.

     Como tantas otras cosas que inventó el ingenio y paciencia del hombre, no se conocen las fechas exactas "del nacimiento del champagne", pero por cuanto se ha relatado se deduce que, todo debió tener un proceso lento y bastante laborioso. En una carta escrita por el propio monje en 1.694 puede leerse lo siguiente: "Señor, le hago llegar seis botellas del mejor vino del mundo", lo que hace suponer que ya en esa fecha existía como tal tan famoso y delicado vino, sólo apto durante muchos años... "para paladares exquisitos y de poder adquisitivo considerable, pues hasta muy recientemente ese tipo de vinos estaba reservado por su precio, a minorías que podían costearlo".

     La carta arriba citada puede verse en el museo de la abadía y junto al libro "Traité de la Culture de Vignes de Champagne"; y que relata las prácticas vinícolas y enológicas empleadas por tan famoso monje benedictino (Dom Pérignon). El museo contiene otros muchos objetos, libros, e incluso "reliquias", cuya descripción no viene al caso, pues aquí relatamos sólo lo concerniente a "los dos vinos ya citados", el uno anónimo por demás, el otro... "el más famoso y caro de todos ellos": el primero de ellos descubierto en base a la amargura y la desesperación de una hembra celosa y deseosa o de recuperar a su "macho" o de morir cuanto antes mejor y el segundo... descubierto en base a la observación paciente de un clérigo y que pese "a que le explotaran las primeras botellas", no dejó de seguir ensayando e investigando hasta conseguir lo que indudablemente puede considerarse como... "la joya de los vinos del mundo", pues es curioso, puesto que el champagne (o cava) son vinos de no más de 11º y por tanto su graduación permite degustarlos con cierta profusión sin llegar a la borrachera y tienen "algo especial" y que son "esas burbujas" que igualmente penetran en el organismo humano junto al vino, lo que produce "cierta especial euforia".

 

                   Antonio García Fuentes

 

En la ciudad de Jaén y en las mañanas del 6 y 7 de Agosto de 1.998


NOTAS:


    [1] Parece ser que llegó a Armenia desde la India, transportada (la vid) por los arios que fueron sus primeros cultivadores, tal como hoy se interpreta esta palabra. Allí, en aquel lejano país de origen (India) se plantó la vid y se hizo vino. Cuentan que en aquellas tierras, se acostumbraba a guardar la uva entera en tinajas, estratificadas con paja, para atender el consumo posterior después de la vendimia. La amante de un príncipe, tras ser repudiada por él, vagó por el palacio desesperada, dispuesta a quitarse la vida antes que el dolor de la ruptura y los celos -continuamente veía a su amado en brazos de su rival- le hicieran perder la razón. Recorrió torres y murallas sin tener la valentía de arrojarse al vacío. Cansada, descendió hasta los sótanos, que se usaban para guardar las uvas (junto con otros alimentos) y por azar, miró al fondo de una de las tinajas que se usaban para guardar las uvas. Un olor picante llegó a su nariz junto con el sonido de un extraño burbujeo. Sobre la superficie del líquido aparecían y desaparecían, sin interrupción, blancas y pequeñas pompas. El frío y la humedad de la cueva acabaron por animarla. Al fin he encontrado, pensó, algo desconocido que va a llevarme al más allá. Introdujo una jarra en aquel líquido y bebió de él sin cautela. Lo encontró dulzón, picante y ligeramente tibio. Al menos, se decía, es agradable.

 (Del libro: "Los Vinos del Sur", de Manuel María López Alejandre.

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