Nº 21

 

 

LÁPIDAS EN LA CATEDRAL

            Abundan en todos los templos cristianos, al menos en los católicos, las lápidas y enterramientos, donde personas “ilustres” se hicieron enterrar (algunos pagando o costeando determinadas obras) puesto que como fieles creyentes, deseaban para su cuerpo un lugar santo, quizá creyendo que ello reportaba algo más para el postrer lugar donde debiera llegar su alma, meta final de toda creencia religiosa; puesto que el cuerpo y la propia religión lo afirma... “de polvo eres y en polvo te convertirás”.

            Proliferan aún más, los enterramientos de reyes y nobles en esos templos, donde la ostentación refleja el poder de que en vida disfrutaron y el apoyo que, también en vida, realizaron al determinado templo y la religión que representa el mismo.

            Igualmente sorprende, ciertos enterramientos de grandes mandatarios religiosos, los que decidieron en “sus últimas voluntades”, ser enterrados en un determinado lugar del suelo del templo y para que su lápida fuese pisada por todo aquel que pasase por ese determinado lugar; ello con un sentimiento de humildad, penitencia, arrepentimiento... ”o vete tu a saber qué”; pero allí están y en nuestra propia catedral de Jaén, se pueden ver; aunque en la misma exista aún , “un insepulto obispo que espera tierra santa”.

            El culto a la muerte viene desde “muy lejos” y todo pueblo o tribu lo instituyó y mantuvo, de múltiples formas o representaciones, pues la verdad es que todos creyeron en “un más allá”, que igualmente intuyeron era superior y mucho mejor, que “el más acá”; los chamanes, brujos, luego sacerdotes, se encargaron de fomentar todo ello.

            Nada que objetar a todo ello, puesto que ya y cuasi “científicamente”, se ha demostrado (o está demostrando) que ese “más allá” existe y que efectivamente, es mucho mejor para aquel, “que se lo ha ganado en el más acá”; el resto no va al infierno (ni mucho menos), tiene abierto el camino para rectificar, reformarse y emprender de nuevo la senda positiva, que... “alguna vez dejó”. ¿Verdad absoluta... Mentira?: que cada cual decida y siga “su camino”, sin interferir en el de los demás y menos, violentamente, pues en tal caso ya estamos viendo lo multirrepetido en los enfrentamientos, denominados, religiosos; que en la verdadera religión, no existirían.

            Pero y volviendo a las lápidas... en algunos templos (la Catedral de Jaén por ejemplo) existen lápidas, que no les encuentra uno ya sentido (otros muchos tampoco y lo comentan ya con cierta profusión) y por cuanto tras sesenta y tantos años de aquellos tristes y lamentables hechos, aún y nada menos que “jerárquicamente”, se reflejen una serie de cristianos asesinados, que lo único que los significa de los otros muchos cristianos asesinados, es el ropaje que vestían en su momento, puesto que esa misma religión dice que: "todos somos hijos de Dios y herederos de su gloria”; por tanto y como todos los “asesinados”, no pueden estar reflejados en lápidas y en ese lugar, mejor que desaparezcan las lápidas, demostrando con ello, esa piedad y perdón, que el Cristo verdadero, manifestara en su postrer momento, cuando ciertamente suspiró aquello de... ¡Perdónalos Señor, que no saben lo que hacen!.

            Y efectivamente, creo sinceramente que aquellos “pobres diablos”, que asesinaron a los insertos en esas (y otros muchas lápidas o lugares anónimos y perdidos) placas de mármol, no sabían lo que hacían, pues generalmente eran seres incultos y mal formados; muchos de ellos, simplemente “muertos de hambre y sin horizontes futuros” (caldo terrible para la desesperación) y por ello mismo, “carne de cañón y de terribles y despiadados demagogos”, que supieron hacer de las gentes sencillas, lo que todos sabemos (todos los que ya pasamos de los sesenta años) y por lo que hay que sentir, esa piedad y ese perdón, que también recomendara ese Cristo, el que preguntado directamente, no titubeó, al decir aquello de que... “Hay que perdonar hasta setenta veces siete”, frase pronunciada para analfabetos y la que equivale a perdonar siempre y bajo cualquier circunstancia... “más aún, en frío, ya, casi congelado”.

            Esperemos, pues, que D. Santiago García Aracil, actual obispo de Jaén, y siguiendo lo que el propio Papa, ha pedido a “todo el mundo”, en éste memorable Jubileo del Milenario (piedad, ayuda, perdón, etc.) nos quite esas lápidas, de un lugar público y de oración, en el que muchos pensamos, que ya no deben continuar.

            Y quede claro que nadie habla de que sean destruidas, pero y por ejemplo, en el seminario, donde se forman los sacerdotes, quizá fuese un buen lugar para su conservación, y por cuanto de estímulo, puede suponer, para la muy difícil misión del verdadero sacerdocio cristiano, el que considero por cuanto debe representar y hacer.

            Con mis mejores deseos de una Navidad Feliz para todos.

Jaén: 06 Diciembre de 2000

 

ATRAS / PAGINA PRINCIPAL