Nº 49

 

 

 

JAÉN Y EL FERROCARRIL

Es domingo diez de febrero y en la prensa, se dice que el Sr. Montoro (Ministro nativo de aquí) anuncia la licitación del primer tramo de “alta velocidad” a Jaén: Antonio Garrido el mismo día y en su columna, “canta una elegía a algo que siempre se nos prometió y que nunca tuvimos”, o sea una verdadera línea ferroviaria que por nuestra situación geográfica, debimos tener, prácticamente desde que se tendieron los ferrocarriles en España. Medio siglo o más, desde aquel tiempo, era un militar y estadista; el General Primo de Rivera, el que intentó tender la verdadera línea ferroviaria, que llegando a ser nacional, uniría los ferrocarriles franceses y por tanto la red europea, pienso que hasta Algeciras, como puente entre dos continentes.

Curiosamente esa línea hubiera podido pasar por Jaén ciudad y a través de aquel tendido existente (vilmente destruido) fortalecer el mismo y los propios ferrocarriles españoles; puesto que aquella línea, enriquecería a grandes zonas de España, que ni tuvieron ferrocarril digno de así denominarse, ni las vamos a tener nunca, puesto que si lo que al principio digo, llega a realizarse, intuyo que tanto el Sr. Montoro, como yo y los de similar edad, estaremos ya muertos, enterrados ó incinerados, en el nuevo horno que cómo signo de avance, ya tenemos.

El que dude de lo que digo, que simplemente trace una línea en el mapa de España, tomando dos puntos al norte, en Los Pirineos catalanes y donde entran los ferrocarriles en Francia y el otro extremo en el puerto de Algeciras... luego, simplemente... que piense.

Se nos ha engañado tanto con el ferrocarril (también con otros señuelos) que conviene recordar, cuando en la época de Franco, siguiendo la línea constructora iniciada por el otro dictador citado, fue terminando múltiples pantanos, con muy buen criterio para saciar la sed de tierras y habitantes, intentando continuar con aquel ferrocarril (en principio Baeza-Utiel) en el que se gastaron miles y miles de millones de pesetas, “de las de entonces”; las que fueron tristemente malgastadas en gran parte de una provincia, muerta de hambre y cuyos habitantes emigraban como las ordas mogolas, lo hicieran muchos siglos atrás, a través de las inmensas altiplanicies asiáticas; sólo que las segundas llevaban un buen caudillo y las jiennenses, sólo llevaban su hambre y su miseria y simplemente fueron en busca del pan suyo de cada día. Para nunca más volver, salvo excepciones. Después, fue desmantelado el ferrocarril que nos unía a Málaga y Algeciras, cuando con poco dinero (por entonces, se gastó en la estación de Córdoba una inmensidad de dinero) se hubiese podido, reforzar la línea, así cómo remodelarla y ya hace, treinta años o más, que los trenes Talgo, debieron de pasar por Jaén capital, cómo pasan o llegan, a las otras siete andaluzas.

Nos recompusieron una estación que hoy estorba tanto o más que antes, se nos donó “un platanito eléctrico” (algo así como un caramelo para niños) y se ha hablado del ferrocarril, todo lo que han querido, pero seguimos sin ferrocarril, cabreados, desilusionados, despreciando ó no considerando en nada (casi) a unos políticos, “de prestigio e influencia”, que por aquí han pasado, como las aves migratorias; “piándo” sin parar y prometiendo “el oro y el moro”, que no sabemos ha donde ha llegado, de verdad.

Así es que muy bien, Sr. Montoro; ánimo y a ver que recibimos... pero... ¡¡Ya!!.

 

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