Nº 5

 

 L A    C R U Z Y EL MIRADOR

         A medida que va pasando el tiempo los valores intangibles y emotivos, toman nuevas significaciones y lo que en un tiempo tuvo una apreciación quizá intrascendente, pasados los años (alrededor de medio siglo) los hechos se ven con mucha más profundidad y de ahí este artículo de hoy, dedicado a “nuestra cruz del castillo”.

            Los que ya somos viejos recordamos la anterior cruz que hubo en el lugar que hoy ocupa, la gigantesca de “cemento armado”, que corona el “cerro de Santa Catalina”. Aquella cruz pequeña y que cada “dos por tres”, el violento viento de Jaén, tiraba ladera abajo y había que recomponerla o reinstalarla y no se si hubo que rehacerla más de una vez. Por ello una familia de las de “rancio abolengo” del viejo Jaén, mandó construir a sus expensas, la actual cruz, la que con su enorme tamaño y su blancura, ha sido instituida por si misma como un emblema de esta ciudad. Lamento no tener datos de dichas personas, pero que duda cabe que “alguien” al leer esto, se apresurará a escribir al periódico dando todos cuantos detalles yo desconozco y que conviene no olvidar.

            ¿Por qué?. Pues muy sencillo; esa cruz fue costeada por personas que tenían una fe muy arraigada y por tanto muy respetable y quisieron de alguna manera, demostrar ello, simbolizando de forma grandiosa la cruz del Cristianismo y al propio tiempo que la vieran “propios y extraños”, a lo largo de mucho tiempo... y acertaron, puesto que esa cruz ha aguantado medio siglo y apenas si ha perdido nada, por lo que podemos pensar que... “nos verá marchar a todos cuantos hoy vivimos y muchas más generaciones que tras nosotros han de venir”.

            Pero aquella familia no pensó en lo que representaría la plataforma de aquella  cruz, la  que hoy se ha convertido en un majestuoso mirador, de los que –se lo aseguro tras mi mucho viajar- hay pocos a lo largo y ancho de todo el mundo; por ello quienes llegan hasta allí, se llevan un imborrable recuerdo y lo comentarán siempre que hablen de sus viajes por España y el mundo.

            Pero es más; bajo aquella cruz y desde los tiempos “de las otras mentadas”; hay grabado en una de las peñas, un poema que escribiera nuestro poeta del siglo pasado (Almendros Aguilar) y que dedicara precisamente a “La Cruz de Cristo”; poema que allí permanece, pero que no se cuida ni se puede ver y sus deteriorados caracteres hendidos en la piedra virgen, están faltos del lucimiento que simplemente y una vez al año, con “cuatro duros y un poco de pintura, lo resolvía nuestro ayuntamiento”. El que lo dude y como no puede verlo “in situ” (allí sólo pueden ir las cabras o hábiles alpinistas) que conecte con Internet un espacio denominado “Un paseo por Jaén” (www.jaen.ciudad.org) y  en la página dedicada al castillo de Jaén, lo podrá apreciar.

            Inexplicablemente (se le dijo al alcalde, cuyo nombre que importa) cuando hicieron la baranda “quitamiedos” (que también costó un sin fin de gestiones) se le dijo que convenía hacer una rústica escalera aprovechando la pendiente y sin deteriorar en nada el entorno, para que quien quisiese, que bajase a leer el poema y desde allí mirase la cruz, les aseguro que la perspectiva en grandiosa; pero “nada de nada”, hicieron los quitamiedos que allí hay y que por ser de tubo hueco, antes o después (más bien antes) terminarán por oxidarse y ya veremos si algún día, un accidente y alguno que otro muerto, no son las consecuencias de tan ridículo “balconaje” a tan soberbio mirador y símbolo religioso.

            Sí; aquel lugar requiere una artística baranda de hierro macizo y que mediante concurso, diseñe algún verdadero artista y sea costeada e instalada por el Ayuntamiento, cuya concejal de cultura y turismo (Srª Nestares), debe “mover el asunto desde ya mismo”; cosa que le vamos a agradecer y reconocer mucho, quienes nos preocupan “las cosas de Jaén”. Mientras tanto aquel lugar y desde la explanada del “Parador”, necesita un constante cuido, indicadores para señalar el camino hacia el mirador de la cruz (en español, inglés, francés y alemán); papeleras, he incluso no estaría de más que como existen en otros miradores; “alguien” fuese autorizado a colocar prismáticos o catalejos (blindados) y de los que funcionan con monedas, los que eso sí; que sean potentes para que se vean largas distancias y ello, pudiera ser hasta un pequeño negocio para alguien, al propio tiempo que se ampliaban “horizontes” a tan magnífico mirador.

 

 

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