Nº 64

 

 

 

 PLAZA DE LAS PALMERAS AYER Y HOY

O

PLAZA DE “LA OLLA” (ANTES DE LAS PALMERAS)

 

            Nuestra vieja plaza del Mercado, luego de Las Palmeras, después de José Antonio (época de Franco) y después de la Constitución... sigue siendo para muchos de nosotros simplemente de “Las Palmeras” y por cuanto bajo aquellas palmeras (desaparecidas ya hace unas cuantas décadas) jugamos cuando éramos niños e incluso comimos dátiles de las mismas y los que solíamos “bajar de la palmera”... a pedrada limpia... luego con los huesos (unos) y con piedrecitas (otros) jugábamos a las damas, en los bancos que allí había y cuyo revestimiento de mosaicos, permitían estos juegos y otros, al estar los de los asientos, con dibujos en forma de cuadrículas similares a los de los tableros. Eran otros tiempos y aquella plaza y hasta entonces tuvo vida propia y humana a todos los niveles, puesto que hasta que fueron “segadas” las palmeras, era algo así como dicen que lo fueron los foros romanos y allí se reunía una gran representación de los habitantes de Jaén y muchos de la provincia, puesto que algunos recordarán que en aquellas inmediaciones, tenían su terminal, docenas de autobuses que de ella venían cada día de la semana. Igualmente a su alrededor proliferaron las posadas, paradores y modestos hoteles, cafés, tabernas, algunas casas de comidas e incluso había, “aparcamiento para aquellos ancestrales vehículos de cuatro patas”... burros, caballos y mulas, que en dichas posadas tenían alojamiento y pesebre, al igual que sus dueños encontraban cama y comida.

            Igualmente existían alrededor de las palmeras, una parada de taxis y la que compuesta por no más de media docena, de aquellos ya viejos (entonces) automóviles, que databan de los años veinte o treinta del mil novecientos, allí vegetaban, atendiendo los pocos servicios que entonces podían prestar a aquel pequeño Jaén, que prácticamente, acababa unos cientos de metros más abajo.

            Algunas veces, se animaba aquella plaza dónde y por cuanto he dicho, con frecuencia aparecían los clásicos y fantásticos vendedores ambulantes, los que hábiles embaucadores, vendían desde el crecepelo o dentífrico maravilloso, hasta la inigualable pluma estilográfica, pasando por la manta, el peine y las mil cosas, que aquellos hábiles vendedores traían en sus equipajes o viejo vehículo de igual época de los taxis indicados, los que venían cargados hasta de mantas de una calidad inigualable, según aquellos pintorescos seres, admirables no obstante, por cuanto tenían de valor para derramarse por todos los caminos de España.

            Pasó el tiempo y hoy nos encontramos a la que yo “bauticé” como Plaza “del potaje”, por cuanto allí han colocado de cantidad y de “calidad” contrapuesta y que algunas se dan de patadas en relación con la estética, por cuanto es fácil apreciar a una simple vista.

            Pero esa plaza última (que en cierto modo recupera algo de la primitiva, sobre todo el que la gente pueda estar allí tranquilamente) nos ha costado... “un huevo y parte de los otros”, puesto que como sabemos, ha sido tan mal terminada, tan mal vigilada por los técnicos responsables, que ha tenido que sufrir cuatro obras de reparaciones (y aún siguen “bailando baldosas”) en sólo 16 meses y después de su inauguración[1], así es que cada habitante de Jaén (dicen que somos ciudadanos) opine lo que quiera, pues al final, somos los que pagamos y además sin solución alguna y menos que sean castigados los malísimos administradores de lo público de este Jaén, que como yo dije y digo... “es corto hasta de nombre”.

 Jaén: 17 Agosto 2002


[1] Diario Ideal del 09-08-2002.

 

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