CAPÍTULO III

TERCER RELATO:

 

ACONTECE EN 1988

 

         Cuando años atrás, aún mi vida no se había abocado al desastre. Vivía con mi esposa y ambos regentábamos un pequeño negocio de ‘hostelería’.

            De tanto en cuando, solitarios caminantes[1] se paraban (detenían) en el umbral de mi hogar: Generalmente solicitaban, ‘ayuda o limosna’. Siempre teníamos algo para ellos. Tal vez fuese la manera de apaciguar nuestra conciencia.

            Estos personajes, continuaban siempre su camino; su aspecto externo era desastroso; grandes barbas, cabellos enmarañados. Despedían un olor, que... ‘llegaba antes que ellos mismos’, e incluso permanecía en el lugar, después de que se hubiesen marchado. Más que olor, lo llamaría... ‘tufo’.

            Este ‘tufo’. A mi entender, hoy, era producto de la suciedad que acumulaban, la humedad de las ropas, empapadas siempre en el propio sudor y sobre todo, producido por el humo impregnado en ellas y producido por infinidad de continuas hogueras; pues el fuego que encendían éstas gentes, no es precisamente el que se suele hacer para lograr la típica ‘barbacoa’. Nó; más bien suelen ser fuegos alimentados con basuras, plásticos y todo lo que produce humo les sirve a ellos que no huelen ya nada, precisamente por lo atrofiado de sus fosas nasales.

            Después de haber entregado mi limosna al caminante; yo quedaba en mi casa caliente; cómodo; y me solía decir a mi mismo, el que yo nunca me vería en esa situación. Orgulloso y altanero me decía, antes robaré, que pedir[2]; mis pensamiento pasaba y se  iba perdiendo o alejando, al igual que los propios caminantes mencionados.

            Pero el orgullo, aunque tal vez, algunos lo necesiten, es mal compañero y peor consejero. Es cuando logras dejar ese orgullo y apartarlo a ‘un lado’, cuando notas cómo muchos de los eslabones de la cadena humana, ceden.

            Cuando después de años, me encontré fuera de mi provincia[3]; sólo, ‘arrastrando’ mi adicción a la heroína y mi propia desesperación; fue cuando tuve que tomar una determinación. Sin dinero con que poder subsistir; imposibilitado para poder trabajar; durmiendo (llevaba bastantes días) a la intemperie; sucio (ya) y con un ligero ‘tufillo’, que en principio, no relacioné con aquel ‘tufo ajeno’ y de tiempos atrás, el que ya he descrito; tristemente ‘me encontré a mi mismo y en la deplorable situación fácil de imaginar. ¿Qué hacer?... Determinación difícil: robar o pedir limosna; consideré muy peligroso el robar (delinquiendo) y entrar en esa espiral de delito tras delito; detención antes o después, acumulación de causas, condenas, etc. Pues reconozco que en mi vida, hubo delitos, pero siempre me cuidé de no entrar en esa terrible ‘espiral’ y si los realicé, fueron ocasionalmente y por pura necesidad de supervivencia. Por ello, en aquella ocasión, determiné hacer, lo que me dije a mi mismo, que nunca haría... ¡¡Pedir!!.

            Me costó unos días vencer la vergüenza que sentía. Al extender mi mano y pedir, parecía como si de antemano, quisiera escoger a quien pedir. Me fijaba en sus rostros, creyendo ver en ellos, quien me daría algo y quien no.

            Esa misma noche, busqué refugio en el albergue municipal de Vitoria: Allí conocí a un chico de mi edad y con mi idéntica situación; sólo un diferencia, ‘él era ya experto en pedir limosna’; fue mi maestro en ‘tal oficio’, que llega a serlo, como más adelante iremos comprobando.

            A la mañana siguiente, quedé sorprendido, mientras tomábamos un ligero café, observé como todos cuantos habíamos pasado la noche en el citado albergue, se saludaban (a mí también) con camaradería; y se despedían unos de otros diciendo... ‘Bueno a trabajar’, ó, ‘Adiós, al curro’.[4]

            Yo, pensé, que en verdad, todos marchaban a trabajar; entonces, el chico que conociera la noche anterior, se acercó a mi y me dijo: ¿Quieres venir a ‘trabajar’ con migo?. A lo que yo respondí. ¿A trabajar?.

            ¡¡Sí hombre a poner ‘el cazo’, a pedir, hombre, a pedir!!. Fue su respuesta.

            Y juntos marchamos ‘al trabajo’. Por la ciudad me fui encontrado a los que se habían despedido de nosotros un poco antes. Todos y cada uno de ellos, ya tenían ‘su lugar de trabajo’; esquinas concretas, iglesias, etc. y allí permanecían, pues el trabajo consistía, en permanecer allí hora tras hora, con el brazo extendido o con ‘un recipiente’ al pie de cada individuo y donde el transeúnte dejaba su limosna.

            Así, crucé la Península, desde Santander hasta Murcia, de ciudad en ciudad,  de ayuntamiento en ayuntamiento; tardando ocho meses en dicha travesía.

            En cada una de las localidades previstas de antemano (ya sabido, comentado y orientado por ‘los colegas’ más veteranos); te ofrecen albergues donde pasar una o varias noches y según las propias directrices o normas que cada municipio tiene implantadas. En ellos también existen comedores dirigidos por ‘unos u otros’ (Cáritas, religiosas o religiosos de diferentes órdenes y asociaciones laicas que se dedican a éstos ‘menesteres’). Cumplido el plazo de estancia y atención al transeúnte, te suelen entregar una cantidad para que te puedas desplazar fuera de ese ayuntamiento, o sea, que te pagan ‘el billete del tren o autocar’... para que te marches cuanto antes.

            A éste peculiar ‘caminar’ se le denomina en el argot... ‘andar en el carril’ y a quienes siguen estas rutas... ‘carrilanos’.

            Una vez atendido por un albergue, no puedes volver de nuevo hasta transcurridos tres meses (llevan control para ello) pero, ‘los carrilanos’ se organizan y van conformando rutas, circulando por toda España para que vuelvas a cada albergue, transcurrido ‘el trimestre de plazo’ y así tienes asegurado lo que dichos albergues ofrecen gratuitamente. Incluso hay quien se organiza de forma y manera, que ... ‘carrilanos que pasan el verano en el Norte de España, pasan el invierno en el Sur y así, año tras año, puesto que llega a ser una forma de vida plenamente aceptada’.

            Pero, en mayoría, ¿Qué van buscando?... Nada, beber vino y supongo que la muerte. Afirmo cuanto escribo por cuanto, al margen de mi propia tragedia, tuve ánimos para ir observando minuciosamente éste desconocido... ‘mundo del carril’.

Absurdamente se auto titulan o ‘se dicen, ciudadanos del mundo’, pese a que marchan por ese mundo, escondidos bajo esos ropajes y esas barbas, hombres de toda condición (también mujeres pero en mucha menor cantidad) y a los que diversos avatares de la vida, conducen a ese estado o forma de vida, en la que el vino es su mejor amigo y su más preciado tesoro, puesto que desde muy temprano en la mañana de cada día, empiezan a beberlo; y siguen y siguen, hasta que ellos estiman que su alma se reconforta, cuando llegan a la embriaguez.

            ‘Cada hombre una historia de desamores y traiciones’[5].

            En los años a que me refiero (1988) no éramos muy jóvenes quienes andábamos en ‘el carril’. Éramos personas ya entrados o pasados de los cuarenta años. Gentes de mi edad (28 años) no se veían tan derrotados como ‘los carrileros’ ya descritos. Había más hombres que mujeres; pero las pocas mujeres que ‘habitaban aquel mundo marginal’, si que se notaban más deterioradas que los hombres; entre ellas, las mayoría, padecían problemas mentales y cuesta imaginar el estado de ellas, en algunos casos concretos.

           Tanto unos como ‘otras’, vivían apegados, por no decir ‘pegados’... a bolsas y carritos, en los que transportaban sus miserables pertenencias y con ellas marchaban, como ‘extraños caracoles con sus casas a cuestas’.

            Valorar las pertenencias de éstas gentes, les es imposible a personas ‘normales’, puesto que guardaban bolsas (y más bolsas) de plástico, comidas que se les llegaban a pudrir, por el olvido; y vino... ‘cartones de vino’[6]. Algunos ‘simpáticos’, los llegaron a ‘bautizar’ y se les denominaba... “la banda de don Simón”[7] y como símil, para señalarlos como adictos ala vino.

            Pero y ello es muy notable... ‘aún en esas miserias o miserables vidas, hay ciertas grandezas y solidaridades, las que hay que señalar, por cuanto puedan significar de positivo entre tanta podredumbre humana'’

            Eran (supongo lo seguirán siendo, solidarios (muy solidarios); reitero; seres solidarios como pocos. Se ayudan entre ellos de continúo. Ningún ‘carrilano’ padecerá por la falta de vino, tabaco, etc., habiendo a su alrededor quienes lo tengan o posean aún cuando ello sea en pequeña cantidad... siempre lo comparten.

          También (si cabe) practican una especie de “Omertá” (de ‘Mafia’), de tal manera que quien quisiera, desaparecería en ese mundo, pues de hecho, en ese ‘submundo’, hay tantos y tantos desaparecidos, buscados y aún no encontrados... que decir una cifra, es absurdo por cuanto no es cuantificable de ninguna de las maneras.

            Llegan a profesionalizarse en el ‘arte’ (más bien artimaña) de pedir; apreciándose por ello, ‘estilos y formas’ múltiples.

            Así, tenemos a los que nunca hablan y solemos encontrar, principalmente, en las puertas o entradas de iglesias, templos o capillas, donde se venera multitudinariamente una imagen  ‘santa’.

            Dichos lugares, están perfectamente delimitados y cada uno de ellos, ‘ya pertenece a alguien’, en concreto[8] como si se tratara de ‘plazas reservadas’ en cualquier lugar público y de pago. Algunas, consideradas tan valiosas, por el dinero que en ellas se suele recaudar, que en ocasión, ‘tienen que defenderlas de otros carrilanos’.

            Hablamos de recaudaciones superiores a las 10.000 (diez mil) pesetas diarias.[9]

            Por ello, los que envejecen en ‘la profesión’ (los más viejos) llegan a reunir pequeña fortunas; pero ‘el pedir’ se les mete en la sangre y aunque teniendo ya esas fortunas descritas, siguen pidiendo.[10]

            Otros,  acosan al transeúnte y prácticamente ‘lo asaltan’ y con todo tipo de argumentos, solicitan les ayuden con algunas monedas. Por cierto que las monedas de 100, 200 y 500 pesetas, les vinieron muy bien a los del ‘carril’, pues al generoso o compadecido, le resulta muy fácil meter la mano en el bolsillo y soltar una moneda de las mencionadas y quizá confundiéndolas con otras, por lo que cuando se pusieron en circulación, fue muy importante por cuanto supuso un ‘maná’ mucho más abundante para los ‘carrilanos’.

            Por todo ello, pedir a jornada completa de ocho horas diarias, resulta rentable al final de la misma, puesto que ‘caen’ de promedio, unas cinco mil pesetas, o más. Claro que hay que decir, que ‘esforzándote’, pidiendo, caminando, y abordando a quienes sean.[11] Prácticamente lo que hacen muchos, es, acorralar a quienes consideran sus víctimas y las que ellos creen, que tienen que darles algo para que vivan.

            Esta (más o menos) fue ‘mi vida durante un tiempo’... Así caminé, día tras día, con el único objetivo de pedir y conseguir dinero para comprar, ‘mi dosis diaria de droga’. Caminando llegas a la que todos los ‘carrilanos’ consideran como... ‘la Meca del que va pidiendo por España’, o sea Murcia, la que constatado por los más viejos en  ‘el carril’ y comprobado por mi mismo... Murcia es el paraíso.

            En esta ciudad, contrariamente a lo que sucede en otras ó mayoría de ellas, te puedes quedar y sobrevivir durante meses y meses. La policía no te presiona y lo mejor y fundamental; la personal idiosincrasia de los murcianos y su actitud ante los mendigos. Los aceptan sin problemas en sus calles; suelen ser bastante religiosos; practican lo que yo ‘llamaría... el trueque con Dios’. ¡Señor, si sanas a mi tía Rosario; daré limosna al pobre!; (por ejemplo). Así de esta manera y con la total oposición del clero a éstas practicas (me consta) decenas o centenas de mendigos, reciben sus dádivas diarias, en aquella muy rica y generosa capital murciana.

            Si la  petición, fue concedida[12], no era extraño, que alguien se te acercara con un sobre de dinero, conteniendo cantidades apreciables. De esta manera, todos contentos... ‘dan gracias a Dios’.

            Comprenderá, que ante este paraíso, los ‘carrilanos’ se organicen, e incluso... el que las más variadas picarescas aparezcan, al socaire de tanta facilidad.

            En esta ciudad, otro joven encontrado en el camino y yo mismo; nos convertimos en dos máquinas de pedir; raramente bajábamos de 15.000 (quince mil) pesetas diarias. Pedíamos desde las ocho de la mañana, hasta bien entrada la noche. Nuestro sistema... “el parón”. Cada uno de nosotros ocupaba una de las aceras de la avenida principal; y así, caminando, pedíamos unas monedas a todos aquellos que nos encontrábamos de frente. Ríos de personas; unos te decían, ‘no’; otros, ‘toma’; otros tantos te decían con toda rotundidad: trabaja como yo; pero al final la bolsa iba creciendo hasta llegar a las cantidades ya indicadas.

 

(FIN DEL RELATO: Éste viene sin firmar)

1 de Enero de 2001

 

Sr. Rodríguez Tirador:

            He recibido con agrado su carta 16-12-2000, la que acompañada de tres interesantes relatos; a todo lo cual correspondo, animándole a proseguir, lo que espero le sea benéfico para el presente y el futuro... ¿O nó se encuentra usted mucho mejor después de escribir lo que me escribe?. Dígamelo, aunque al releer ahora mismo su primer párrafo, ya me doy cuenta que acierto, pero necesito una nueva confirmación de usted, puesto que en ese párrafo grita y dice... ¡Ya lo creo que me gustaría encontrar a mi otro yo!... Pienso, sinceramente, que ya está usted en el camino de encontrarlo; tiene que tener fe en usted mismo, pues dentro de usted se encuentra todo cuanto busca... ¡Ya lo verá!.

            No le importe que me reitere en mis escritos o usted en los suyos, esto debe ser como una larga conversación entre dos hombres, que se cuentan cosas y en ellas y por lo normal de ello, tienen que surgir repeticiones y reiteraciones, pero que duda cabe que cada una de ellas, llevará nuevos matices y al final (cuando llegue) resultará algo digno de ser leído con tranquilidad y en ello, tanto usted como yo (y otros que puedan tener acceso) aprenderemos muchas más cosas de las que ahora podamos imaginar, por ello, reitero... vacíe su subconsciente y cuente cosas, como más abajo le indico con toda la buena voluntad de que soy capaz. Y no, no tenga temor o recelo de verse envuelto (con migo) en organizaciones de tipo sectario (son sus palabras y por ello las resalto).

        Digo ello por cuanto me manifiesta sobre leer el libro recomendado de Allan Kardec (El Libro de los Espíritus), que si bien le encantaría pero tiene recelos. Se lo envío por correo aparte y espero lo reciba y lo lea con suma tranquilidad, nadie le va a pedir nada a cambio, esté seguro de ello, y sobre mi.

            ¡Nó!, apreciado amigo (puede considerarme así)... nunca he pertenecido a ninguna organización de tal tipo y desde luego ya a mis casi sesenta y tres años, me quedo con mi libertad, bien ganada y con mucho esfuerzo y sacrificio (‘mi  hambre (libertad) es mía y en ella mando yo’) – lo tengo escrito (es un poema, el que si le interesa, se lo copio y envío) en un libro ya publicado; no recuerdo si se lo he dicho ya, pero si no, tome nota)... La libertad (responsable; “lo otro no es libertad”) es algo así como un ‘enorme fruto de mil sabores, dulces y amargos, los que tiene uno que estar dispuesto a saborear siempre y en cualquier momento” (no es fácil ello, se lo aseguro, en éste mundo de... “rebaños y masas en busca de santón o divo” –pobrecillos-).

            Celebro que le convenza mi definición de lo que es o se entiende por amistad. Y sí, puede creer el símil que emplea, pero, de verdad.... ¿Se encuentra un amigo a lo largo de la vida... amigo, amigo, amigo, dispuesto a todo por amistad?; puede ser, pero un pensador (“quien sabe si fue mi otro yo”) me dijo un día fuerte y claro y tras diversas y abundantes experiencias:

         ¡Siéntete feliz si encuentras un amigo!.

                ¡Si encuentras dos... siéntete un dios!.

                     Y si tres... ¡nó, imposible, no los encontrarás!

                De las pocas verdades que hay en este mundo y en esta vida, es la madre, la propia madre... y algunas veces (pocas afortunadamente) hasta ella... ‘te falla o puede fallar’.

            Pero todo cuanto resalto en tinta ‘negrita’ no debe amilanar a aquel que ya ha entrado en el camino de su libertad, todo ello no es otra cosa que reconocer realidades de la vida y  así estar curado por si llegan esos dolorosos fallos, de la amistad y de la familia (somos seres mortales y de carne y hueso); por el contrario, nosotros y siempre que podamos, ‘tendamos una mano a quien verdaderamente la necesite’... pero... ¿cómo saberlo?. Usted mismo cuenta cosas estremecedoras en esos relatos de vagabundo y pidiendo limosna y... ¡Somos humanos!, esa es nuestra miseria y al propio tiempo nuestra grandeza, pues siempre podemos superarnos, como usted está haciendo en este momento y...  Lo que importa.... no es el camino... es cómo se llega al final del mismo... la vida es larga.

            Sus propias reflexiones son enseñanzas para usted mismo, con cuanto escribe sobre la libertad.

            Le gusta escribir, escriba (ya lo hace bien) y lleva razón, bajo mi punto de vista, pues coincido con ‘Vázquez Figueroa; cualquier oficio se aprende y si se practica, se perfecciona; lo que ocurre es que ‘todos no valemos para todo’, pero en usted se ha despertado el ansia de escribir... escriba, pero lea mucho y medite, escuche con atención al que sabe, pues que duda cabe que es en ello, donde se perfecciona el oficio y se llega al estilo que cada cual llega a tener. Pero ojo, “escribir es sufrir”, no escriba nunca lo que no sienta o no tenga suficientemente claro... ¡¡Se estaría usted engañando a si mismo y a quien le lea!! Y por otra parte, si piensa que escribir es ‘carrera fácil para ganar dinero y fama...’ ¡Olvídelo!. La fama y el dinero son una cosa y la escritura bien hecha y que beneficia a la humanidad, son otra cosa muy diferente. Se debe escribir para ‘contentar uno a su propia alma’ y si luego ello transciende a ‘otras’, pues es que era el destino... ¡¡La fama es uno de los grandes cánceres de la sociedad moderna!!... mire a su alrededor, analice, quienes ‘son famosos’, haga una selección de valores verdaderamente enriquecedores para la humanidad y luego, cuente lo que queda... ¿Sorpresa?... nó, realidad, ¡la fama tal y como se entiende hoy es comida para idiotas!... los inteligentes y ya cultivados, no luchan por la fama y si les llega, suelen ocultarse mucho más que estar como ‘los famosos’, que siempre están... ¡con el culo al aire!.

            Me he perdido... ¿por donde iba?.

            Me dice en su carta que le gustan mis escritos por cuanto contienen... ‘ve, ya usted me está dando fama’ (gracias hombre). No le agrada la poesía, lo dudo, usted tiene sentimientos nobles y la poesía es lo mejor de la escritura, pero ocurre como en todo; hoy apenas si se puede leer poesía verdadera, pero la hay y ‘cada cual la entiende de una manera’, pero seguro que usted se ha sentido estremecido por la letra de una canción (es poesía que le cantan) melódica, cualquier estruendo en forma de música o canción desde luego es lo opuesto, ello tiene que tener esos tonos que agradan al alma o la hacen sufrir, pero con el tono justo, exacto, que llegue al alma; no se explicarme de otra manera, pero yo que hago poesía (creo) no me agrada la inmensa mayoría de la que ha llegado a mis manos... ‘quizá he leído poca’, pero leer poesía es mucho peor que leer prosa, pues si la prosa, algunas veces repele y ‘no entra’; la poesía ‘entra o repele’ en los primeros renglones o versos; pero que duda cabe que es ‘el néctar’ de la escritura. No deje de intentar leer algo (Antonio y Manuel Machado, por ejemplo: describen mundos reales y diferentes, siendo hermanos, como lo fueron). Busque mi libro, que creo ya le indiqué (Pensando en... Andalucía). La poesía es algo tan, tan, tan... ‘no se qué’, que en algún verso solitario, puedes encontrar más que en mil páginas de prosa y... me quedo corto.

            Celebro que fuesen siete personas la que contestaran su escrito... ¿Mantiene correspondencia con alguna de ellas?...Puede decirme algo sobre ‘esas otras historias’, para mi cualquier saber, es muy interesante.

            Le faltan varios tendones y sufre al escribir... lo siento, pero creo recordar que me dijo usted el

motivo de ello... pero sepa que precisamente por ello mismo, usted escribirá cada vez mejor, pues lo hará en base a la ‘fuerza que brota de su interior’. Vea si puede aprender a escribir a máquina y con ello le resulta más fácil (con ordenador mucho más) pues yo mismo que escribo a maquina desde hace casi cincuenta años; con el ordenador... ‘logro una velocidad enorme’ y ello me facilita el traducir el pensamiento al surgir el mismo, que como usted sabe, viene a la mente a una velocidad asombrosa, al menos a mí me ocurre, cuando... ‘tengo ganas y estoy inspirado’.

            ¿Ha preguntado a su médico, si hay algún tipo de gimnasia para sus manos en el estado en que se encuentran?... pues casi todo se supera, si se pone voluntad, pregunte ello y ya me dirá. Créame que siento ello, por cuanto de dolor y remordimiento signifique para usted, pero... ‘hay que nadar en el agua de que se dispone”... ¿O nó?. Y no se preocupe o atormente por el pasado, el pasado ya es eso... y sólo quedan las enseñanzas del mismo y las rectificaciones que usted está haciendo.

TRES RELATOS: Adjunto a su carta (y como ya le he dicho) vienen tres relatos, que considero muy buenos, por lo crudos y reales que son (estremecedores en algunos párrafos) y que pasaré en conjunto a unir a todo cuanto vayamos “pariendo” ambos, pues cada vez me creo más, lo de la posibilidad de hacer un libro (novela-ensayo-relato) que pudiera ser interesante si lográsemos interesar a alguna editorial.

       Piense en ello y autoríceme a proseguir en ese sentido, pues en tal caso, tengo que darle el sentido de libro y por descontado borrar totalmente su nombre para que no aparezca por ninguna parte (si así lo quiere, aunque y... ¿Por qué nó?) y el mismo quedará para nosotros dos, que en realidad... ‘vamos a ser los padres de la criatura”... la que si por cualquier circunstancia diese beneficios, igualmente me comprometo a que ello sería compartido, de forma equitativa y a acordar entre ambos, en su momento.

       FINAL DEL TERCER RELATO: Me pregunta de la siguiente forma y reproduzco literalmente: “¿Me gustaría saber si debiera profundizar más en mis narraciones? ¿Usted que cree? ¿Me precipito? ¿Llega el mensaje? ¿Para qué sirve, además de recordatorio mío?”.

            En orden a sus preguntas respondo con la máxima lealtad que se:

            1ª) Profundice todo cuanto su alma le indique, diga todo lo que tenga que decir en bien suyo y en el de los demás,  los que si llegan a leer sus experiencias, con ellas enriquecerán sus propias vidas (yo reconozco que me enriquezco leyéndole)... pero no mienta nunca, si son verdaderas confesiones que aligeran su alma... ¡Hágalas!. Si existe algún hecho muy ‘borrascoso, dígalo igualmente, pero empleando las palabras justas y precisas y sin recargar nada, al contrario; trate de encontrar algo de humanidad aunque dude usted de ella, pues tristemente el ser humano (nosotros) somos capaces de “todo” y al decir “todo”, entienda que es todo lo bueno y lo malo en toda su extensión. Lo que le merezca duda, no lo escriba de momento, medite y consulte con su interior con toda la intensidad que pueda; seguro que ‘él’ le aconsejará lo que debe hacer.

            2ª y 3ª) Creo sinceramente que queda contestado en la anterior respuesta.

            4ª) Sí, llega perfectamente el mensaje, puesto que yo lo recibo; usted tiene facilidad para relatar, pero hágalo siempre (reitero) con honradez, no diga nada de lo que no esté seguro, no olvide nunca que... “la palabra que se pronuncia o escribe, ya no se puede recuperar” y quienes escribimos para otros, hemos de tener sumo cuidado en ello... “el papel debe ser sagrado y no debe ser manchado con nada nocivo”. Mejor callar y meditar de nuevo, antes de escribir algo que no se deba relatar.

            5ª) Aún cuando sólo sirviera para descargar su alma o espíritu, que estuvieron bastante atormentados (hoy intuyo que no y lo celebro) ya sería suficiente, pero es más y me reitero; todas las experiencias positivas que sufre el hombre, si las cuenta a otro, le allana el camino con una ayuda impagable. Usted, ha tenido (no se ya si decir, suerte o desgracia, pues mis saberes son limitados) la enorme experiencia, de caminar por los más profundos “abismos” en que en la actualidad, sucumben muchos hombres y mujeres. Ha tenido que “bañarse en lodos y aguas muy sucias”, padecido “enfermedad física incurable”... Soportado todo ello, usted sale y abiertamente dice... “yo he bajado a los infiernos del hombre y he sobrevivido para contarlo... esto es lo que ocurre en los infiernos donde yo estuve”. Para todo ello, se necesita una fuerza e integridad que usted posee, por tanto siga contando y no deje nada dentro de su alma y recuerde como consuelo algo que debí leer en alguna parte... “las flores de más belleza, suelen encontrarse en los pantanos más podridos y donde los lodazales son más abundantes”.  ¡Quien sabe si su misión en esta vida era “bajar a esos infiernos” y luego contarlo para que otros no bajen por equivocación!.

         Bueno, nada más por hoy, pues lo que escribo hoy, es casi un capítulo de un libro no pequeño: le deseo que su salud se fortalezca y que le acompañe muchos años en éste mundo, en el que intuyo... ‘aún le queda mucho por hacer’.

            Saludos cordiales y afectuosos de su ‘lejano amigo’.

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PD.: Cómo va su relación familiar, ¿les comunicó algo de esto a su hija y ex esposa?

SUGERENCIA: Escríbame un relato del cómo y el por qué, se decide a entrar en las drogas y las experiencias posteriores... que siente, que padece, que disfruta, que encuentra, etc.

 

 



[1]  Se deduce, que aquel negocio estaba situado en lugar de paso, rural, playa, montaña o lugar de vacaciones del archipiélago de las Islas Canarias; de momento no lo sé y si él no lo dice por propia voluntad, yo desde luego, respetaré siempre los silencios que él, quiera guardar... ‘ya es bastante con cuanto relata con toda crudeza” (pienso): A.G.F.

[2]  El relator no preveía entonces, lo que luego el mismo experimenta y padece, como vagabundo y mendigo (pidiendo limosna) según confiesa en otro anterior relato y el que no altero su orden, por cuanto él mismo, los ha situado así, ya que vienen numerados, del 1 al 3: A.G.F.

[3]  Parece ser  que el lugar antes mencionado, corresponde a Asturias, de donde es nativo el relator.

[4]  En determinado argot, ‘curro’ equivale a trabajo, ‘currar’ a trabajar y ‘currante’ a trabajador. (A.G.F.)

[5]  Son sus palabras, reproducidas literalmente, pero en las que en absoluto estoy de acuerdo, por cuanto las historias suelen ser en mayoría de casos, ‘otras’. Generalmente quien llega a las drogas, al alcoholismo y al final, a esa vida de vagabundeo miserable y en la que muchos mueren, es debido a que inicialmente, el individuo, ha llegado un momento en que ha tenido un conflicto de una envergadura que él no sabe como afrontar el problema; y entonces, su impotencia, debilidad, cobardía, ofuscación o lo que sea, busca en la huida (huida total es el recurrir a esos extremos) lo que no se considera con fuerzas para afrontar, presentándole cara y enfrentándose al problema inicial y sea del tipo que sea. Lo que ellos no intuyen es que el problema sigue subsistiendo y que antes o después han de volver a él y muchos lo hacen y lo superan, pues como dice la máxima de la sabiduría humana... “Lo malo no es caer... lo malo es no saberse levantar, pues siempre y después de la caída... hay posibilidad de levantarse”. (A.G.F.)

[6]  Sabido es que en esa época, está muy extendido un peculiar envase de cartón impermeabilizado con fina capa de aluminio, en su interior, y el que entre otros múltiples usos, se empleaba como envase, tamaño de un litro, para la venta de vinos muy económicos y de baja calidad. Quien sabe valorar el vino, jamás lo adquiere en éstos envases... un vino debe siempre estar ‘vestido’ con envase de cristal o vidrio y según cada tipo de vino, no hablemos cuando es servido en la mesa, como debe serlo. (A.G.F.)

[7]  Don Simón, era (sigue siéndolo) una de las marcas del tipo de vino citado. (A.G.F.)

[8]  En la literatura española y que relata ampliamente la picaresca (pícaros y pedigüeños) se cuentan, cosas parecidas o incluso mucho peores, puesto que existía hasta quien se mutilaba un miembro, para presentar la estampas más tétrica del desvalido y con ello implorar más piedad. Igualmente existían las peleas (duras reyertas) para disputar los mejores lugares, e incluso el determinado escalón que había de ocupar cada cual, en la escalinata de entrada a los templos. Incluso había bandas organizadas para pedir limosna y donde existía el jefe, que ‘los organizaba y administraba’. Resumiendo: ‘nada nuevo bajo el Sol’.

[9]  Recordemos que los hechos que se relatan, corresponden al año 1988 y en el que un salario de un empleado, con cierta especialización, no subiría arriba de las 2.500 a 3.000 pesetas y por una jornada de trabajo de ocho horas.

[10]  Está claro que a una enfermedad ‘la del vagabundo’, se les une otra peor aún, o sea, la avaricia.

[11]  Todos hemos padecido alguna vez ó múltiples veces, el acoso de éstos individuos, los que incluso se meten en las terrazas al aire libre y que tan abundantes son en los lugares meridionales y de costa, donde ‘no te dejan ni comer tranquilo’, cosa que ya premeditan estos vagos (no quieren trabajar) y mugrientos seres, los que repele su presencia y muchas veces, eso mismo, es lo que produce el que les  des algo, para que se vayan y te dejen tranquilo. Generalmente los componentes de la policía municipal o... gubernativa, los dejan hacer, ‘haciendo la vista gorda’, pues de quererlo, las autoridades, éstos seres serían quitados de la circulación urbana y puestos a trabajar (el que pudiese) o simplemente recluidos, hasta localizar sus familias, el que las tenga y el que nó, buscarles ocupaciones (que siempre las habría) para que se ganasen, ‘su pan’ de forma más acorde con una sociedad civilizada y opulenta, como es la nuestra. Y en último extremo, incluso, encarcelándolos para una verdadera regeneración humana, que es para lo que debieran servir las cárceles y penitenciarías, no para ‘lo que sirven hoy’. (A.G.F.)

[12]  La palabra que emplea el relator, es  CONTESTADA ó CONTRASTADA (viene confusa) por ello yo me tomo la libertad de poner CONCEDIDA, que considero es lo que quiere significar. (A.G.F.).

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